dimanche 5 février 2012

LA PARTICULA DE DIOS

El viejo campesino extremeño dejó a un lado la vara con la que había sacudido el olivo y se dispuso a recoger las aceitunas de la red que había tendido en el suelo bajo el árbol centenario. Se colocó los auriculares de botón del pequeño aparato de radio, que ahora ya no le estorbaban ni se caerían como hubiera ocurrido durante el vareo, y se dispuso a escuchar las noticias de Radio Nacional de España.

“El bosón de Higgs, esa extraña y por ahora virtual partícula de la que ni siquiera se sabe con certeza su existencia, puede estar punto de ser encontrado. Los científicos involucrados en la investigación en el L.H.C del CERN de Ginebra, creen tener suficientes indicios de que la esquiva partícula subatómica está “acorralada” y a punto de dejarse ver” .

Tras limpiar y recoger las aceitunas en un capazo, se dispuso a ensacarlas y, al agacharse para abrir el saco, el viejo tuvo una sensación extraña, la impresión virtual de haber sido golpeado en la frente por uno de aquellos puñeteros bosones inencontrables de forma natural.

―¿Por que no? ―se preguntó―. Si para poder visualizarlo, o mejor detectarlo, los físicos del CERN tenían que hacer chocar haces de partículas a velocidades semi-lumínicas, eso no quiere decir que, de existir en la naturaleza, no estemos siendo atravesados cada segundo por millones de esas enanas y fundamentales partículas.

El viejo, enormemente aficionado a las grandes cuestiones fundamentales de la física, bien que en su aspecto mas divulgativo y entendible por profanos no especialistas en tan abstrusa materia, desde hacía años había leído con avidez mucho de lo publicado sobre la “partícula de Dios”, como había sido bautizada por no recordaba quién.

―No, no es por el puñetero y pequeño bosón por el que estamos siendo atravesados millones o billones de veces cada día, sino por los no menos esquivos neutrinos” ―recordó pensativo.

Mientras proseguía en solitario con la faena de recolección de un par de sacos de verdinegra aceituna, tarea que se había autoasignado para aquella mañana ―las tardes se las tomaba libres el jodido y jubiloso jubilado―, se enfrascó en profundas elucubraciones reflexionando sobre la partícula “a punto de ser encontrada” ―¡ojalá!―, sobre el mundo, el Universo, el Multiverso, Dios y… el Todo. ¡Casi nada!

Parece que si se confirma la existencia del bosón de Higgs, o tal vez incluso antes de confirmarse, se puede predecir o suponer que no existe el vacío ni la nada. Que todo está “lleno”, que todo es, al menos, un “campo de Higgs”. De ahí que la explicación del porqué son masivas las partículas que tienen masa, es por algo así como por una “emanación” o creación a partir de ese campo. A mayor interacción de las partículas con el campo de Higgs, mayor es la masa de éstas. Así pues, nuestro “Universo burbuja” o mas aún, el Multiverso o el “Todo-lo-Existente”, es una creación continua del Campo de Higgs, del “lleno”, no del “vacío”. En alguna ocasión, había leído que el Big Bang, y la creación del Universo, habían surgido o comenzado por una “fluctuación o torsión cuántica de la nada”, o algo parecido.

Todo aquello lo dejó sumido en el escepticismo y la incredulidad. Mejor que aquella fluctuación o torsión de la nada, que le pareció algo así como si al multiplicar el cero por equis ceros… surgiera el número uno. ¿Cómo, de una fluctuación de donde solo hay ―o no hay― nada, va a surgir el Todo? No, ante esas respuestas y explicaciones de la física, que nada responden ni explican, prefería las explicaciones mas “clásicas” de un Dios del que todo emana mediante su FIAT todopoderoso. Pero eso tampoco le dejó nunca satisfecho.

―Así pues ―elucubró―, si suponemos (a la espera de la confirmación por el LHC) de que el “Todo-lo-Existente”, llamámosle Universo, o mejor Multiverso, está completo o “lleno” del campo de Higgs; si no existe la Nada o el vacio absoluto, antes al contrario, el Todo y el “lleno” absoluto, de un campo en el que ocurren todas las interacciones, también podemos suponer o elucubrar que este Todo, donde “todo” ocurre es una particularísima especie de Dios. ¡Claro! La “partícula de Dios” como se ha dado en llamar al Bosón de Higgs, y todas las demás partículas del Multiverso que interactúan en él en los diversos campos conocidos y en los todavía desconocidos, conforman un “Dios Natural” muy distinto de esa especie de Supermán todopoderoso y milagroso, o más bien milagrero, de las distintas y muchas religiones.

―Si la “partícula divina”, o bosón de Higgs, y todas las partículas que llenan el Todo, integran a Dios ―prosiguió―, ello viene a suponer una especie de confirmación al revés del concepto de algunas religiones monoteístas del “Dios-en-todas-partes”. No, todas las partes, todas las partículas existentes, están en y “hacen” a Dios. Exacta y justamente al revés.

Y concluyó así:

―Y si todas la partículas del Todo, integran a este “Dios Natural”, el corolario de ello es que también todas las partículas agrupadas en átomos, moléculas células, órganos, etc, todo lo que hemos dado en llamar vida o seres vivos ―tales como ése “hermano olivo” que acabo de varear, o ésa “hermana hormiga” que veoo trepar por el tronco , son ―¡ claro está!― “células” de Dios. Como yo mismo, como todo aquello de lo que se pudiera decir que está “vivo”. Otra coincidencia, y ésta no al revés, sino idéntica a éste otro concepto o cita religiosos: “Yo soy la Verdad y la Vida”. Si, las partículas materiales componen el “cuerpo”, la vida, el “cerebro”, la Verdad, ―cualquier cosa que ésta sea―, el espíritu y el alma de Dios.

―¡Hay que ver a dónde me ha llevado el pequeñísimo bosón, tal vez inexistente de don Peter Higgs! ―se dijo casi en alta voz el viejo aceitunero, no solo altivo, sino más soberbio que el mismísimo Lucifer, pues que acababa de descubrirse y reconocerse Dios.

Y tras vaciar en el saco el segundo esportón, se lo cargó al hombro y fue a vaciarlo al montón de aceitunas, que luego cargaría en un pequeño remolque para llevarlas a la almazara de un pueblo cercano.

Ecologie en temps de guerre. Quand les États-Unis luttaient contre le gaspillage des ressources

« Notre mode de vie n’est pas négociable » a déclaré G. W. Bush. Pourtant, pendant la Seconde guerre mondiale, les citoyens américains ont renoncé un moment à la culture de la consommation et du gaspillage.

Aux États-Unis, les générations actuelles sont-elles équipées pour répondre au défi homérique que représente le réchauffement climatique ? Si les grands médias glosent à longueur de page sur les « crédits de carbone », les « voitures hybrides » et l’« urbanisme intelligent », il n’en reste pas moins que notre empreinte écologique ne cesse d’augmenter. À titre d’exemple, la maison américaine typique est aujourd’hui 40 % plus grande qu’il y a vingt-cinq ans, alors même que la taille de chaque foyer s’est réduite. Dans le même temps, les mammouths du genre 4x4 (qui représentent 50 % des voitures particulières) ont envahi les autoroutes, tandis que la taille des surfaces commerciales par habitant - un moyen indirect, mais fiable, de mesurer l’augmentation de la consommation - a quadruplé.
Autrement dit, nous sommes trop nombreux à parler d’écologie tout en conservant un mode de vie surdimensionné – donnant ainsi du grain à moudre aux conservateurs qui multiplient les tribunes fustigeant cyniquement les factures d’électricité d’Al Gore. Nous sommes désespérément drogués aux énergies fossiles, au shopping compulsif, à l’expansion suburbaine et au régime carnivore. Les Américains pourront-ils jamais renoncer volontairement à leurs 4x4, à leurs hamburgers, à leurs énormes manoirs de banlieue et à leurs sacro-saintes pelouses ? Surprise : la bonne nouvelle nous vient du passé. 
Dans les années 1940, les Américains combattaient simultanément le fascisme à l’étranger et le gaspillage chez eux. Mes parents, leurs voisins, et des millions d’autres Américains laissaient la voiture au garage pour se rendre au travail à vélo, retournaient leur pelouse pour planter des choux, recyclaient les tubes de dentifrice et l’huile de cuisson, prêtaient bénévolement leurs services aux crèches et aux centres de l’United Service Organization [1], offraient le gîte et le couvert à des inconnus, et s’efforçaient consciencieusement de réduire leur consommation et d’éviter le gaspillage inutile. La Seconde Guerre mondiale donna ainsi lieu à la plus grande expérience d’écologie populaire de l’histoire des États-Unis. Lessing Rosenwald, le directeur du Bureau pour la conservation des matériaux industriels, exhortait ses compatriotes « à passer d’une économie de gaspillage – et on connaît les habitudes de ce pays en matière de gaspillage – à une économie de préservation. » Une majorité de civils répondit à l’appel, certains à contrecoeur, beaucoup avec enthousiasme.

Le symbole le plus célèbre de ce nouvel état d’esprit était les « jardins de la victoire ». Initialement encouragés par l’administration Wilson pour lutter contre la pénurie alimentaire pendant la Première Guerre mondiale, les jardins potagers communautaires ou familiaux sont réapparus au début du New Deal et furent alors élevés au rang de stratégie de subsistance pour les chômeurs. Au lendemain de Pearl Harbor, l’enthousiasme populaire fit céder les résistances des fonctionnaires du ministère de l’Agriculture et fit des « jardins de la victoire » le dispositif central de la campagne nationale « Food Fights for Freedom ».

Dès 1943, haricots et carottes poussaient sur la pelouse de la Maison-Blanche et, à l’instar de la Première Dame Eleanor Roosevelt, près de 20 millions de « jardiniers de la victoire » assuraient 30 % à 40 % de la production nationale de légumes – permettant en retour aux fermiers de nourrir la Grande-Bretagne et la Russie. Dans The Garden Is Political, un recueil de poèmes populaires publié en 1942, John Malcolm Brinnin saluait ces « mètres carrés d’internationalisme » surgissant dans les villes américaines. Même si les jardins de la banlieue et de la campagne étaient plus étendus et souvent plus productifs, certains des horticulteurs les plus enthousiastes étaient les enfants des centres-villes, reconvertis en paysans urbains fiers de leur capacité d’autosubsistance. Dans les grands centres industriels du pays, avec l’aide des boy-scouts, des syndicats et des centres sociaux, des milliers de sinistres terrains vagues couverts d’ordure furent transformés en jardins communautaires. À Chicago, 400 000 écoliers s’engagèrent dans la campagne « Clean Up for Victory », destinée à récupérer de la ferraille pour l’industrie et à nettoyer des parcelles pour les transformer en jardins.

samedi 4 février 2012

VICTORY GARDEN of TOMORROW (artivisme)

La crise actuelle et la fin du capitalisme implique que nous devenions tous plus ou moins un peu jardinier.

En 1943 Eleanor Roosevelt contribua au lancement d’un mouvement des « Jardins de la Victoire » qui devinrent une contribution conséquente à l’alimentation de la nation en temps de guerre.
Des « Jardins de la Victoire » étaient cultivés jusque sur les toits des immeubles.
A la fin de la seconde guerre mondiale, plus de 20 millions de jardins privés fournissaient 40% des produits consommés aux USA.



***



A Portland, Etats-Unis, l’artiste Joe Wirtheim a récemment remis au goût du jour et détourné des affiches de propagande utilisées lors des deux guerres mondiales afin de promouvoir le jardinage (cf. la fiche Wikipedia sur les Victory Garden)… pour lancer une campagne incitant les américains à “l’innovation civique” et au “progrès social”.
Une affiche d’époque
Intitulé “Victory Garden of Tomorrow” (VgoT – “les jardins de la victoire de demain”), cette campagne entend rappeler l’ingénuité dont l’Amérique a su faire preuve  à l’époque face à l’ennemi tout en l’incitant à en user pour combattre les problèmes actuels.
Ainsi que l’explique l’artiste sur TreeHugger:
I started reading some history and looking up period poster art, and fell in love with the idea of the “victory garden”. The history of it is so simple and charming – I especially liked the active voice in the poster art, like: “Help Harvest” or “Can all you Can” about canning vegetables for winter. These were all very classic folk activities, doing things like growing vegetables, canning them. There were others like collecting salvaged steel, aluminum, and rubber which I felt was perfect – its like not only going back to classic folk values, but then cleaning up the industrial mess that we appear to buried in.
Cette campagne me rappelle étrangement celle des Green Patriots Posters… et confirme à mes yeux la facilité avec laquelle les activistes écologistes américains établissent un parallèle entre les efforts nécessaires actuellement pour changer de paradigme et les efforts de guerre réalisés lors de la seconde guerre mondiale.
Et vous, ce type de campagne et d’affichage vous parle-t-il ? Pensez vous que cela pourrait nous inciter, en France, à devenir plus locavores ?

vendredi 3 février 2012

Tout conspire pour l'insignifiance

La Montée de l’insignifiance, de Cornelius castoriadis
Emission de Daniel Mermet, 1996 à écouter :
http://www.la-bas.org/article.php3?id_article=1039

Ni Dieu, ni césar, ni tribun!…

Daniel Mermet. — Pourquoi ce titre, la Montée de l’insignifiance ? Est-ce la caractéristique de l’époque ?
Cornelius Castoriadis. — Ce qui caractérise le monde contemporain, ce sont bien sûr les crises, les contradictions, les oppositions, les fractures, etc., mais ce qui me frappe surtout, c’est précisement l’insignifiance. Prenons la querelle entre la droite et la gauche. Actuellement, elle a perdu son sens. Non pas parce qu’il n’y a pas de quoi nourrir une querelle politique et même une très grande querelle politique, mais parce que les uns et les autres disent la même chose. Depuis 1983, les socialistes ont fait une politique, puis Balladur est venu, il a fait la même politique, puis les socialistes sont revenus, ils ont fait avec Beregovoy la même politique, Balladur est revenu, il a fait la même politique, Chirac a gagné les élections en disant : « Je vais faire autre chose », et il fait la même politique. Cette distinction manque de sens.
D.M. — Par quels mécanismes cette classe politique est-elle réduite à cette impuissance ? C’est le grand mot aujourd’hui, impuissance.
C.C. — Ce n’est pas un grand mot, et ils sont impuissants, c’est certain. La seule chose qu’ils peuvent faire c’est suivre le courant, c’est-a-dire appliquer la politique ultralibérale qui est à la mode. Les socialistes n’ont pas fait autre chose, et je ne crois pas qu’ils feraient autre chose revenus au pouvoir. Ce ne sont pas des politiques à mon avis, mais des politiciens – au sens de micropoliticiens. Des gens qui font la chasse aux suffrages par n’importe quel moyen.
D.M. — Le marketing politique ?
C.C. — C’est du marketing, oui. Ils n’ont aucun programme. Leur but est de rester au pouvoir ou de revenir au pouvoir, et pour cela ils sont capables de tout. Clinton a fait sa campagne électorale en suivant uniquement les sondages : « Si je dis ceci, est-ce que ça va passer ? » En prenant à chaque fois l’option gagnante pour l’opinion publique. Comme disait l’autre : « Je suis leur chef, donc je les suis. » Ce qu’il y a de fascinant dans l’époque, comme dans toute époque d’ailleurs, c’est comment cela conspire. Il y a un lien intrinsèque entre cette espèce de nullité de la politique, ce devenir nul de la politique, et cette insignifiance dans les autres domaines, dans les arts, dans la philosophie ou dans la littérature. C’est cela l’esprit du temps : sans aucune conspiration d’une puissance quelconque qu’on pourrait désigner, tout conspire, au sens de respire, dans le même sens, pour les mêmes resultats, c’est-à-dire l’insignifiance.
Emission de Daniel Mermet à écouter : http://www.la-bas.org/article.php3?id_article=1039

LES EFFETS DU POUVOIR


Minitel 2.0


Non, la chute de MegaUpload n’est pas du tout une mauvaise nouvelle pour internet, bien au contraire. Cela tient au fait que MegaUpload (comme DailyMotion, Youtube, mais aussi Google, Facebook et dans une moindre mesure Wikipédia) fonctionnent tous sur le modèle technique du réseau dit « en étoile », c’est à dire un réseau centré tel qu’on savait déjà le faire dans les années 50. L’image typique retenue par Bayart à ce sujet est celle du minitel. C’est ce type de réseaux qui est contrôlé (parce que facilement contrôlable, puisqu’il suffit d’intervenir sur le serveur « source » pour tout bloquer) et susceptible d’être coupé à tout instant par ses détenteurs.
Ce modèle technique est en opposition frontale avec celui de l’internet, qui est fondamentalement (i.e. à ses origines) un modèle de réseau décentré, dans la mesure ou chaque poste est à la fois client et serveur. Un tel réseau est par construction incontrôlable puisqu’il s’agirait de pouvoir intervenir sur chaque connexion poste à poste, ce qui dans un monde (de centaines?) de millions de postes individuels est inconcevable.
Les opérateurs établis contrôlent certes le réseau « haut débit » (pour les particuliers, ce qualificatif n’est valable qu’en réception tandis que l’émission est volontairement bridée par l’oligopôle en place) mais rien n’empêche des voisins de tirer leurs propres câbles chez les uns et les autres et d’ainsi recevoir ET émettre sans entrave.
P.S. A méditer également sur la conférence, le modèle économique des télécoms, ou comment faire grossir très artificiellement les volumes d’échanges…

LA CIVILISATION DE RACCOURCIR L'ESPÈCE


En 1797 il [Thomas Paine] dédie au Directoire un libelle, La justice agraire…, dont le sous-titre précise : « Contenant un plan pour améliorer la situation générale de tous les hommes ». L’argumentation générale, remarquable, reste toujours, malheureusement, plus actuelle que jamais.
« C’est encore une question fort incertaine, se demande-t-il d’entrée de jeu, de savoir si l’état de société qu’on intitule orgueilleusement, et peut-être indûment la civilisation, a augmenté ou diminué le bonheur de la race humaine en général ». Mettant en contraste la misère hideuse qu’on constate dans toutes les villes d’Europe et celle d’un Indien d’Amérique, misérable au regard « de nos personnages opulents », mais tel « un jour de fête perpétuel » à celui de nos misérables, il conclut que la civilisation « a rendu une partie des hommes plus riche et l’autre plus pauvre qu’ils ne le seraient dans leur état primitif ou naturel ». La question politique première, à laquelle toutes les autres sont subordonnées, est celle de savoir comment rendre l’état de société et de civilisation préférable à l’état de nature aux yeux de la grande majorité des êtres humains alors que c’est actuellement, poursuit-il, la situation inverse qui prévaut.
Qui peut douter que ce sera là la question première du XXIe siècle également : comment éviter qu’une partie de l’humanité, rendue d’autant plus pauvre que l’autre sera toujours plus riche ne préfère systématiquement « l’état de nature », autrement dit la guerre de tous contre tous, à l’état de société ? Et le risque qu’il en soit ainsi sera d’autant plus grand si l’état de société devait se révéler n’être lui-même qu’une autre forme d’état de nature et de guerre, la guerre économique et financière de tous contre tous.

Seule l'initiative privée est assez imaginative pour créer la faim à partir du pain!

L’humanité s’est donné un destin commun : le positif de tous ces risques qui nous menacent, de toutes ces crises systémiques, c’est que l’humanité peut devenir le sujet de sa propre histoire. Elle a commencé, avec Hiroshima, à comprendre qu’elle était le sujet négatif de son histoire. Elle pourrait, à l’heure de Fukushima, devenir le sujet positif de son histoire.
Quand on parle de gouvernance, on tient toujours à y mettre la fonction de défense, qui fait partie de la souveraineté. Or, que serait un ministère de la défense de l’humanité ? Le propre d’un ministère de la défense, c’est d’analyser les menaces et d’y répondre. Existe-t-il des menaces lourdes qui pèsent sur l’humanité ? La réponse est oui. Mais ces menaces ne viennent pas de l’extérieur. La barbarie n’est pas extérieure, elle est intérieure, et l’Europe a payé un prix assez lourd pour avoir conscience que la barbarie peut naître au cœur des civilisations.

vendredi 20 janvier 2012

TRABAJO DE INVESTIGACION DEMUESTRA QUE QUE LA MAYORIA DE LAS PERSONAS ACTUAN COMO BORREGOS

EL BORREGO HUMANO

Traducción y revisión por DESPERTARES.

Científicos de la Universidad de Leeds han realizado investigaciones que demuestran la tendencia de muchos a actuar como ovejas, sin darse cuenta siguen a la multitud como si no tuvieran una mente racional.
Aunque esta tendencia puede tener sus usos en algunas situaciones, tales como la planificación del flujo de peatones en áreas muy concurridas, no inspira mucha esperanza para la humanidad.
El estudio demostró que se necesita una minoría de apenas un 5% para influir en la dirección de la multitud – y que el otro 95% les seguía sin siquiera darse cuenta de lo que estaba pasando.
El profesor Krause, junto con un estudiante de doctorado, John Dyer, llevaron a cabo una serie de experimentos en los que un grupos de voluntarios caminaban al azar en un gran salón. Dentro del grupo, algunos previamente habían recibido instrucciones sobre hacia dónde caminar. Los participantes no tenían permitido comunicarse con los demás o influir intencionalmente a nadie. Los resultados en todos los casos revelaron que las personas previamente informadas fueron seguidas por los demás dentro la multitud, formando una autoorganización, una estructura como de serpiente (o rebaño de ovejas, escoja el que quiera).
Explica el profesor Krause:
“Todos hemos estado en situaciones donde hemos sido arrastrados por una multitud, pero lo interesante de esta investigación es que nuestros participantes terminaron haciendo una decisión por consenso a pesar de que no se les estaba permitido hablar o realizar algún gesto el uno al otro. En la mayoría de los casos los participantes no se dieron cuenta en absoluto que estaban siendo dirigidos por otros“.
En otros experimentos en este estudio se utilizaron grupos de diferentes tamaños, con diferentes proporciones de “individuos previamente informados”. Los resultados del estudio muestran que a medida de que el número de personas en la multitud aumenta, el número necesario de individuos adiestrados decrece. En las grandes multitudes de 200 o más personas, tan solo el 5% del grupo es suficiente para influir en la dirección en que los demás van. La investigación también analizó diferentes escenarios para la ubicación de los “individuos informados” para determinar si el lugar donde se encontraban tenía alguna incidencia en el tiempo necesario para que la gente les siguiera.
“Al principio empezamos a investigar sobre las decisiones por consenso en humanos porque estábamos interesados ​​en la migración de animales, especialmente las aves, donde puede ser difícil identificar a los líderes de una manada”, dice Krause. “Sin embargo, precisamente se demostró que hay grandes similitudes entre el comportamiento animal  grupario y las multitudes humanas”.
Esta investigación fue financiada por el Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas, siendo un estudio de colaboración entre las universidades de Oxford y Bangor de Gales. El documento relativo a esta investigación, titulado “Decisiones por consenso en las multitudes humanas” se publicó en la edición de la revista Comportamiento animal.
Notas de los editores:
1. Jens Krause es profesor de Ecología del Comportamiento, en el Instituto de Biología Integrativa y Comparativa. Sus áreas de investigación se centran en los mecanismos y funciones de la vida en grupo en los animales.
2. La Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Leeds es una de las más grandes en el Reino Unido, con más de 150 miembros en el personal académico y más de 400 becarios posdoctorales y estudiantes de postgrado. La Facultad ha recibido becas de investigación por un total de 60 millones de Libras y los financiadores incluyen beneficiencias, consejos de investigación, la Unión Europea y la Industria. Cada una de las unidades principales de la Facultad tiene el más alto grado de investigación. clasificado en 5 de acuerdo con el último Ejercicio de Evaluación de la Investigación del gobierno (HEFCE) , que indica el prestigio internacional en investigación. La Facultad está también constantemente entre los tres primeros en financiación de los consejos de investigación del gobierno, el BBSRC y NERC. http://www.fbs.leeds.ac.uk/
3. La Universidad de Leeds es una de las mayores instituciones de educación superior en el Reino Unido con más de 30.000 estudiantes de 130 países.

Fuente en español:  agente2012
Fuente original en la Universidad de Leeds publicado el 14/02/08 (inglés): Sheep in human clothing – scientists reveal our flock mentality

dimanche 1 janvier 2012

Situation de Transhumance (explore extinction highways)

La dissonance  interne au système le déchire de toute part et ne peut-être camouflé que par l'engourdissement sensible ou la fatuité morbide. 
Symptômes qui ne font rien à l'affaire. 
Ce qui camoufle étouffe.
Cette agonie au long cours que l'on appelle crise 
arrive à la phase aigüe de son évolution, l'effondrement. 
Le conflit ne peut plus être tu, 
la carapace de l'enfermement va sauter.

"Groucho, isn't it?"

*

« Aucune société ne peut vivre sans se donner une représentation d'elle-même. Cette représentation fait partie des significations imaginaires sociales corrélatives à son institution. Or, contrairement à toutes les sociétés précédentes, la société capitaliste ne se donne pas d'elle-même une représentation mythique ou religieuse ; elle veut s'en donner une représentation rationaliste qui soit en même temps sa « justification ». L'idéologie capitaliste est rationaliste : elle invoque le savoir, la compétence, la scientificité, etc. Le pseudo-«rationel» est la pièce centrale de l'imaginaire de cette société. Et cela vaut aussi pour l'idéologie marxiste, devenue religion laïque d'État. Je dis bien rationaliste et non pas rationnelle. Elle prétend à une rationalité vide et suspendue dans l'air, et que toute sa réalité contredit. Dans aucune autre société on ne constate cette antinomie entre le système de représentation que la société se donne d'elle-même, et sa réalité effective. La réalité d'une société archaïque, esclavagiste, ou féodale, est conforme à son système de représentations d'elle-même. Mais la société moderne vit sur un système de représentations qui pose la rationalité comme à la fois la fin et le moyen universel de la vie sociale — et qui est démenti par chacun de ses actes. Elle prétend être rationnelle — et produit massivement ce qui est irrationalité de son point de vue même. »

Cornélius CASTORIADIS,
("Une société à la dérive", 1977)

vendredi 30 décembre 2011

L'effet Papillon - Systèmes dynamiques chaotiques et mathématiques nouvelles

El proceso creador está situado en el borde del caos

La creatividad es una característica básica de los sistemas complejos


El proceso creador está situado en el “borde del caos”. Emerge a partir de la “contradicción interna” entre elementos que se encuentran simultáneamente tanto en cooperación como en competencia. Un ejemplo lo constituye la evolución biológica, en donde hubo un proceso de innovación evolutiva seguida de otro proceso de extinción masiva. Otro ejemplo involucra la innovación tecnológica de las sociedades industriales: al principio, surgen algunos diseños diferentes (de bicicletas, automóviles, teléfonos celulares, computadoras), todos igualmente viables y –transcurrido un cierto tiempo– se produce una sobreabundancia de formas, sobreviven unas pocas de ellas y la innovación se focaliza en los relativamente pocos diseños que quedan. Ambos procesos son eminentemente creativos… Por Sergio Moriello

Por el momento, no existe una definición precisa y absolutamente aceptada de lo que es un sistema complejo, sino que existen muchas propuestas alternativas. Esto se debe, probablemente, a que cubren toda la jerarquía de sistemas, desde los sistemas subatómicos hasta los sistemas sociales. No obstante eso, pueden darse algunas descripciones comunes...

En primer término, está compuesto por una gran cantidad de elementos (muchas veces más o menos parecidos, pero no siempre), generalmente estructurados de forma irregular. Por ejemplo, el número de células en un determinado organismo, o la cantidad de personas en una cierta sociedad, pero no una montaña de arena o un cristal de cuarzo.

En segundo lugar, cada elemento interacciona con sus vecinos de manera recíproca, interactiva y habitualmente no-lineal (ya que se crean lazos de realimentación, muchas veces incluso múltiples), y en distintas escalas espaciales y temporales, con lo cual se origina un comportamiento colectivo “emergente” que no puede explicarse a partir de dichos elementos tomados de forma aislada. Así, un gas se caracteriza por la presión y la temperatura, propiedades que sus elementos componentes (las moléculas) no poseen. Pero la interacción no es ordenada ni al azar; es decir, cada elemento no interacciona sólo con sus vecinos inmediatos (como en un cristal) ni con cualquier otro (como en un gas)... lo hace más bien con un pequeño número de vecinos (en algunos casos cercanos y en otros casos lejanos), formando redes.

Por último, es muy difícil predecir la dinámica futura de su desarrollo; o sea, es imposible –en la práctica- vaticinar lo que ocurrirá más allá de un cierto horizonte temporal (por cierto, relativamente corto). Es que su comportamiento colectivo puede modificarse drásticamente (con cambios, aceleraciones, ralentizaciones, oscilaciones, etc.) como consecuencia de su elevada sensibilidad a las condiciones iniciales. De allí que el análisis reduccionista se torna poco eficaz.

Procesos, que no productos

Los sistemas complejos existen como procesos y no como productos; no están terminados o definidos, no están “cristalizados”, sino que se caracterizan por un continuo desarrollo, en un perpetuo “estar haciéndose”. Se mantienen en un delicado equilibrio –dentro de ciertos límites– gracias a sus subsistemas de regulación y de control. Pero su comportamiento puede verse modificado –de forma imprevisible– por cualquier variación entre sus elementos componentes o entre sus relaciones.

Así, el desarrollo de esta clase de sistemas se caracteriza por la “intermitencia” (o fluctuación), aquella danza creadora en la que el orden y el desorden se alternan de manera cíclica para contribuir a la organización del sistema. Por eso, estos sistemas nunca llegan a un óptimo global, al estado de mínima energía. En general, se transforman progresivamente hasta que llegan al límite de su desarrollo potencial. En ese instante, sufren un desequilibrio, un desorden, una especie de ruptura que induce una fragmentación del orden pre-existente. Pero, después, comienzan a surgir regularidades que organizan al sistema de acuerdo con nuevas leyes, produciendo otra clase de desarrollo (ver La Auto-organización) [Moriello, 2003].

Las Luchas Internas

La antigua doctrina china de los complementos indica que todo contiene su opuesto. Así, cada cosa contiene a la vez la cosa misma y su opuesto; es una unidad de contrarios [Politzer, 2008, p. 174]. Como una vez aseveró el filósofo griego Heráclito, “lo vivo y lo muerto, lo joven y lo anciano coexisten en uno mismo; lo primero se transforma en lo segundo y lo segundo en lo primero”.

Es que, en el interior de cada sistema –y de forma permanente– se libra una “lucha” entre fuerzas diferentes y opuestas. Las fuerzas dinámicas de estabilidad y orden “tratan de generar” las condiciones de equilibrio y de organización. Las fuerzas dinámicas de inestabilidad y desorden, en cambio, “tratan de generar” condiciones de desequilibrio y de desorganización.

Es decir, existen antagonismos internos que dan origen al comportamiento global de dicho sistema. Sus elementos se encuentran tanto en convergencia (cooperación) como en divergencia (competencia), por lo que existe una especie de “contradicción interna”, un “desacuerdo consigo mismo”. Y es esta contradicción interna la que posibilita que las cosas cambien, se transformen y evolucionen, ya que el cambio se constituye como la solución de ese conflicto... [Politzer, 2008, p. 172 y 174]. En definitiva, dan origen al proceso creador.

Las contradicciones internas generan cambios que producen un reajuste, el cual se opone a dichas contradicciones. Pero esos mismos cambios son el origen de nuevas contradicciones, las cuales, a su vez, inducen nuevos cambios, y así siguiendo. No obstante, estos sucesivos cambios muestran una dirección definida, un “movimiento”, un cierto proceso auto-organizador; en otras palabras: representan un proceso dialéctico de desarrollo [Lange, 1975, p. 7]. Y, algunas veces, estas contradicciones terminan destruyendo el sistema existente y dando origen a la creación de un sistema nuevo con características muy diferentes a las de su predecesor [Politzer, 2008, p. 204].

La Auto-organización

La variación y el cambio son etapas inevitables e ineludibles por las cuales debe transitar todo sistema complejo para desarrollarse. Responden a una ley muy general: transformación no-lineal, con discontinuidades en su estructura funcional, a través de sucesivas reorganizaciones [García, 2006, p. 75/6]. Es que el orden y el desorden, la desorganización y la reorganización, se necesitan el uno al otro, son interdependientes y constituyen la potencialidad creadora. Aunque antagónicos son, al mismo tiempo, conceptos concurrentes y complementarios, aspectos constitutivos de la realidad.

En ciertos casos, un poco de desorden posibilita un orden diferente y, a veces, más rico. Así, por ejemplo, un organismo puede seguir viviendo –a lo largo de los años– a pesar de la continua renovación de sus células; una organización se perpetúa –durante décadas– aunque haya un periódico recambio de sus miembros; o una ciudad puede seguir existiendo –a lo largo de los siglos– a pesar de la constante renovación de sus elementos (personas, casas, edificios, plazas, calles, cines, etc.) [Moriello, 2004].

La capacidad de auto-organización se erige como parte esencial de cualquier sistema complejo. Es la forma como surge espontáneamente un orden en el sistema a partir de la interacción de sus elementos, el cual le permite modificarse y acoplarse cada vez más estrechamente con el entorno que lo rodea y contiene [Moriello, 2004]. Para alcanzar ese estado, son claves los procesos de realimentación, que posibilitan transmitir los cambios por todo el sistema con mucha fluidez.

En los fenómenos de auto-organización es fundamental la idea de estructuración –disipativa y espontánea– sobre la base de niveles. Las interrelaciones entre los elementos de un nivel originan nuevos tipos de elementos en otro nivel, los cuales se comportan habitualmente de una manera muy diferente (con una dinámica propia) [Resnick, 2001, p. 199]. Por ejemplo, de las moléculas a las macromoléculas, de las macromoléculas a las células y de las células a los tejidos. De este modo, el sistema auto-organizado se va construyendo paulatinamente como resultado de un orden incremental espacio-temporal que se crea en diferentes niveles, por estratos, uno por encima del otro y guiado por sus propias metas.

El Borde del Caos

Todo sistema lo bastante complejo –sea un organismo, una mente, una organización, una sociedad o un ecosistema– evoluciona de forma natural hacia y se mantiene dentro del estrecho dominio de “inestabilidad limitada”, oscilando periódicamente entre el orden inmutable y el desorden total, entre la constancia rígida y la turbulencia anárquica [Goodwin, 1998, p. 222]. Se trata de una condición especial, con suficiente orden (estabilidad) como para poder almacenar información-organización y desarrollar procesos, pero con una cierta dosis de desorden (inestabilidad) como para transmitir información-organización y ser capaz de adaptarse a situaciones novedosas.

Este difuso dominio transicional entre el orden y el caos es lo que se conoce como el “borde del caos” o el “estado crítico”. Es en esta delgada franja en donde los principales elementos del sistema encuentran el número adecuado de conexiones y mantienen una óptima comunicación, de forma tal que son máximas las capacidades potenciales de cambio y creación. En efecto, si bien muchas perturbaciones ejercen una pequeña influencia sobre el sistema, algunas pocas pueden generar cascadas de cambios (fenómenos de avalancha o de catástrofe). Es aquí donde se ubican los fenómenos emergentes propios de los sistemas vivientes, organizacionales y sociales [Moriello, 2004].

El comportamiento emergente será tanto más impredecible cuanto más complejo sea el sistema. Puede observarse, por ejemplo, en las hormigas (así como también en otros insectos sociales, como las termitas y las abejas) [Goodwin, 1998, p. 92/5 y 230/3]. Tomadas de manera individual no son para nada inteligentes. No obstante, al juntarse un suficiente número de ellas se observará una actividad colectiva de lo más interesante e inesperada. Cuando la densidad de hormigas es baja, la colonia se comporta de modo caótico, ya que hay escasos individuos y pocos encuentros entre ellas.

Pero, a medida que la densidad se incrementa, los encuentros se multiplican de manera exponencial y los patrones de actividad comienzan a distribuirse de manera más uniforme. Cuando la densidad alcanza un determinado valor umbral –súbitamente– estos patrones rítmicos se propagan y afectan a toda la colonia. En este punto, el caos vira a orden y el sistema se comporta de un modo colectivo no predecible a partir del comportamiento de sus elementos individuales. Podría concluirse, entonces, que las colonias regulan su propia densidad generando un orden emergente –un comportamiento global coherente– que las abarca totalmente y que las sitúa, de manera dinámica, en el borde del caos.

El Proceso Evolutivo

El proceso evolutivo hace referencia a la dinámica de transformación que experimenta un sistema complejo durante su desarrollo temporal. No es continuo y gradual, sino que se verifica a través de una sucesión de desequilibrios y reorganizaciones [García, 2000, p. 77], exhibiendo toda la creatividad de la que hace gala la Naturaleza. Aunque desordenado e impredecible, es un proceso cibernético, ya que parece revalidar constantemente sus modelos y autocorregirse por supresión de errores. Y se verifica en muchos tipos de sistemas (biológicos, psicológicos, sociológicos, tecnológicos, etc.).

El patrón de desarrollo viable que permite la evolución creativa de un sistema desde la relativa simplicidad hasta la relativa complejidad se puede concebir como el resultado de un proceso dialéctico de diferenciación (de estructuras) e integración (de funciones) [Heylighen, 2008]. La diferenciación produce variedad, división del trabajo y desorden; mientras que la integración produce constricción, incremento en el número o en la intensidad de las conexiones y orden.

Ambos procesos producen una jerarquía de metasistemas anidados que tienden a auto-reforzarse [Heylighen, 1988]. Cada nuevo nivel trasciende al anterior, así como lo incluye. O sea, cada nuevo nivel va más allá del anterior (en cierto sentido lo supera) y, a la vez, lo incluye en su propia organización. En este sentido, resulta bastante evidente cómo la sociedad “es más” que el individuo, pero que igualmente lo incluye en su conformación.

Un ejemplo lo constituye la evolución biológica, en donde hubo un proceso de innovación evolutiva seguida de otro proceso de extinción masiva. Otro ejemplo involucra la innovación tecnológica de las sociedades industriales: al principio, surgen algunos diseños diferentes (de bicicletas, automóviles, teléfonos celulares, computadoras), todos igualmente viables y –transcurrido un cierto tiempo– se produce una sobreabundancia de formas, sobreviven unas pocas de ellas y la innovación se focaliza en los relativamente pocos diseños que quedan [Lewin, 2002, p. 90]. Ambos procesos son eminentemente creativos…


* Sergio A. Moriello es Ingeniero en Electrónica, Postgraduado en Periodismo Científico y en Administración Empresarial y Magister en Ingeniería en Sistemas de Información. Lidera GDAIA (Grupo de Desarrollo de Agentes Inteligentes Autónomos, UTN-FRBA) y es vicepresidente de GESI (Grupo de Estudio de Sistemas Integrados). Es autor de los libros Inteligencias Sintéticas (Alsina, 2001) e Inteligencia Natural y Sintética (Nueva Librería, 2005). 

Las personas tienden a defender al sistema, aunque sea injusto o corrupto

Esta propensión se da sobre todo bajo cuatro condiciones: la amenaza, la dependencia, la imposibilidad de escape o el escaso control personal

Según una teoría de la psicología cognitiva conocida como “justificación del sistema”, los seres humanos tienden a defender los sistemas en los que están inmersos, aunque éstos sean corruptos o injustos. Una investigación realizada por psicólogos estadounidenses ha revelado que esta actitud se da principalmente bajo cuatro condiciones: cuando el sistema está amenazado, cuando se depende del sistema, cuando resulta imposible escapar al sistema o cuando los individuos pueden ejercer un escaso control personal. Los resultados de este estudio explicarían porqué las poblaciones, a menudo, no se alzan contra situaciones que dañan sus propios intereses.

jeudi 29 décembre 2011

REFROIDIR L'HUMANITÉ

« Quant à la situation de l’humanité sur la planète, je pense comme comme tout le monde qu’il faudrait en arriver le plus rapidement possible à la croissance zéro, pour parvenir à rétablir un équilibre à peu près satisfaisant, comme celui des sociétés primitives qui vivaient dans un environnement qu’elles ne gâtaient pas… Il faudrait comme le disait Lévi-Strauss, « refroidir » notre humanité, la transformer à l’état de société froide. Elle serait peut-être moins excitante qu’une société chaude, mais enfin… J’ai fait cette remarque à beaucoup de gens: les économistes semblent convaincus qu’il faut nécessairement qu’il y ait de l’expansion en économie. Si elle est stationnaire ou qu’elle régresse, les choses vont mal. J’ai l’impression que nos sociétés ont essayé de contourner le problème en créant des biens fictifs et des productions fictives, mais qui ont un prix et auxquels l’humanité tient. On développe donc une production, mais avec des biens qui ont davantage un caractère psychique ou affectif. » 

René THOM,  Prédire n’est pas expliquer, 1991

mercredi 21 décembre 2011

« Les " psychopathes " arrivent. Un adieu à " l'ère du narcissisme " », par Götz Eisenberg

 
Ci-dessous un texte de Götz Eisenberg, psychologue parfois proche de la revue allemande « Krisis », sur l'influence, de son point de vue, du néolibéralisme sur la structure psychique ainsi que les maladies psychiques.
 
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En 2013, l’association américaine de psychiatrie publiera la 5ème édition de son manuel de diagnostic (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) qui existe depuis 1952. Ce manuel a pour vocation de définir des critères universels pour décider à partir de quel moment un être humain doit être déclaré malade au niveau psychiatrique. La nouvelle publication à venir a déjà déclenché de vives polémiques.
 
Ce manuel tente de fournir une approche objective aux problèmes psychiques, basée uniquement sur les symptômes, et de les imposer de manière universelle. L’objectif est d’assurer que quand on pose par exemple le diagnostic de «dépression» ou de « schizophrénie » on parle partout de la même chose.
La nouvelle édition vise à faire le ménage dans la rubrique des troubles de la personnalité. Sur les onze maladies reconnues actuellement, deux seulement sont diagnostiquées régulièrement : le « trouble de la personnalité borderline » et le « trouble de la personnalité antisociale ». Quelle humiliation pour les narcissiques. Bientôt ils n’auront plus d’existence, ou en tout cas pas dans leur forme pure !
Le fait que le « trouble de la personnalité narcissique » soit retiré de la circulation peut être interprété comme le fait que les symptômes attribués à cette maladie sont devenus partie prenante de la normalité. Ce trouble de base n’a plus valeur de maladie dans notre société, il reflète plutôt son caractère social. A chaque degré de développement social correspond un caractère social dominant. La structure identitaire de l’homme est synchrone avec celle de la société environnante. Le personnage principal du roman d’Heinrich Mann Le Sujet de l’Empereur1, avec sa soumission inconditionnelle, son penchant compulsif à faire des économies et à tout conserver, reflète tout à fait la phase historique durant laquelle le capitalisme en Allemagne prenait son essor sous la forme d’un Etat autoritaire et semi-féodal. Parallèlement, on voyait déjà, dans certaines subcultures marginales, culturelles et artistiques, émerger la prochaine étape de développement. Au début, ses attributs étaient stigmatisés et analysés comme des signes de dégénérescence et de maladie. C’est ainsi qu’avaient été traités les milieux dadaïstes et surréalistes, avec les dandys et les bohèmes, qui cultivaient certains traits narcissiques et qui anticipaient dans nombre de domaines l’hédonisme consumériste. Pour le bourgeois, les bohémiens et les artistes étaient des « dandys vaniteux » de la « lie » dont il fallait se débarrasser, ce qu’ils finiront par faire. Dans les fameuses années vingt, on voyait déjà pointer à l’horizon le changement psycho-historique qui nous entraînerait dans l’ère du narcissisme. Par la suite, le fascisme a amené une régression collective vers le caractère social traditionnel, avec ses idéaux d’ordre et de pureté, et a ainsi enterré provisoirement tout autre développement. Il a fallu quelques décennies pour que les tendances des années vingt se manifestent de nouveau, importées des Etats-Unis.
 
La révolte de 1968
 
Lors de la transition vers l’ère consumériste, les comportements bohèmes sortent de leur ghetto subculturel et se massifient. Une bonne partie de la dynamique de la révolte de 1968 provient de la friction entre deux formes différentes du caractère social ou des « classes psychiques »2. Après coup, la révolte apparaît comme étant également une nouvelle étape dans l’implémentation du développement capitaliste. On pourrait dire, pour paraphraser Hegel, que l’esprit du capitalisme s’est servi de ses opposants pour faire retour à soi et rejoindre son concept. Des gens tels que Rainer Langhans3 ont rendu de grands services à la modernité, et il est donc logique de le retrouver aujourd’hui dans un jeu de télé réalité, « Le camp de la jungle » (héritier du Loft), produit par la chaîne RTL. Le fait de « s’éclater » et de soigner son look hippie n’a représenté une rébellion qu’à l’époque où l’Allemagne Fédérale était fondamentalement postfasciste, coercitive et « petite-bourgeoise ». L’époque où porter les cheveux longs suscitait chez les bourgeois et les beaufs une pulsion d’anéantissement est révolue. Le développement psychique et culturel possède sa propre structure temporelle et a toujours un temps de retard par rapport aux changements économiques et techniques. De temps en temps, il faut une révolte militante pour réformer des sub-systèmes anachroniques et les rendre contemporains.
 
Nous pouvons assister actuellement à la décomposition du sujet introverti traditionnel et à la transition vers « l’homme flexible » qui correspond aux impératifs modifiés d’une nouvelle phase du développement capitaliste. Ses attributs sont identiques au catalogue des symptômes de l’ancien trouble de la personnalité narcissique, qui n’est donc plus considéré comme une maladie. Une partie de ses symptômes qui ne sont pas compatibles avec la nouvelle normalité sont transférés vers d’autres troubles : le narcissisme a désormais droit de cité, sauf dans sa forme maladive ou « borderline ».
 
Mais on voit déjà les prémices de nouveaux changements psycho-historiques. Les années que nous venons de traverser, marquées par le néolibéralisme, ont rendu les gens indifférents, leur vie intérieure s’est transformée en un grand glacier de sentiments congelés. Les gens ne peuvent pas faire autrement que de transmettre cette froideur à leur environnement. Il y a des différences non négligeables selon qu’on a grandi et que l’on vit dans une société qui valorise la solidarité avec les faibles et ceux qui sont moins compétitifs, ou bien qu’on vit dans une société où ces gens sont abandonnés dans la misère et stigmatisés en tant que loosers. Que l’expression « espèce de victime » soit devenue la pire insulte que des jeunes se lancent à la tête en dit long sur l’image pervertie qu’ils se font de l’humanité, marquée depuis quelques années par le culte du gagnant. On le voit par exemple chez des sportifs qui chantent à tue-tête devant les caméras après un match victorieux: « Regardez à quoi ressemblent des gagnants – hohéhohéhohé ». (…) Sans doute aussi parce qu’elle a l’air de sortir du dernier soap opera, la gardienne de but de l’équipe de foot américaine, Hope Solo, incarne ce culte du gagnant. Dans une interview avant la finale du dernier championnat du monde, elle déclarait : « Nous savons que nous allons gagner. C’est notre mentalité. » Qu’elle se soit trompée n’est qu’un faible réconfort.
 
Le marché comme vie intérieure
 
Les attitudes et les comportements qui sont dictés par le marché et qui sont indispensables pour réussir au niveau économique ont aujourd’hui pénétré la vie quotidienne jusque dans ses  derniers recoins. Le manque d’égard généralisé, l’individualisme poussé jusqu’à la manie égocentrique, le cynisme et l’indifférence caractérisent aujourd’hui les rapports entre les humains. C’est ainsi que « l’ère du narcissisme » porte déjà en son sein le prochain niveau de développement psycho-historique. Le marché, l’économie et la pédagogie dictent une idée de la vie intérieure humaine qui doit être flexible et interchangeable, analogue à ce qu’on stigmatise encore aujourd’hui comme « psychopathe », et qu’on retrouve chez les détenus, en prison ou dans des institutions médico-légales. Le terme de psychopathe n’est pas utilisé ici dans son acception populaire, définissant une personnalité perturbée, imprévisible et violente, mais comme l’ont défini les psychiatres américain et canadien Cleckley et Hare pour qui les caractéristiques  d’une personnalité « psychopathique » sont l’incapacité à ressentir de l’empathie, le fait d’être beau parleur, charmeuse, sûre d’elle, à l’aise dans les situations sociales, froide quand elle est sous pression. C’est-à-dire précisément les attributs qui caractérisent les flambeurs et les gourous de la nouvelle économie et du monde de la finance qui continuent à nous pousser vers le précipice.

mardi 13 décembre 2011

Juego serio: el Movimiento Occupy y los cuernos gemelos de la opresión y la revolución

Provocador ensayo en que Aeolus Kephas explora la faceta des-ilusionante del Movimiento Occupy y cómo la revolución, esencialmente egoísta, termina fortaleciendo las estructuras a las que cree oponerse.


En este post, en el que recojo comentarios recientes que hice en Reality Sandwich, Facebook y de un diálogo que sostuve con un amigo manifestante, quisiera abordar lo que tiene de desilusionante el Movimiento Occupy y cómo el activismo social solamente fortalece las estructuras que desafía. Esto no sería necesariamente malo, sin embargo, excepto porque la gente llega con propósitos y resultados específicos en mente y por esta razón termina frustrada y desilusionada. Es este aspecto desilusionante lo que considero negativo, no el activismo en sí, que como forma de pasar el tiempo es tan válida como cualquier otra (al menos para algunas personas). Hay una impresión creciente, sin embargo, de que la “revolución global” es evidencia de un cambio colectivo de conciencia y —derivando de esto la siguiente deducción “lógica”— de que esto es, de hecho, su símbolo. En mi opinión nada podría estar más alejado de la verdad, por razones que expondré a continuación lo mejor que pueda.

Anonymous me parece interesante desde esta perspectiva porque Anonymous existe en un reino de las sombras entre dos paradigmas, sin la obvia pertenencia a ninguno de ellos. De hecho aventuro que hay tres paradigmas relevantes para esta discusión: 1) el paradigma dominante del dinero, el poder, etc. 2) el paradigma opuesto de la rebelión, la resistencia, los valores comunitarios y la expresión individual 3) el paradigma que intentaré describir en este post, un paradigma que percibe los primeros dos como meras imágenes especulares de uno y otro y, por lo tanto, como igualmente obsoletas. A mi juicio, Anonymous, que existe en algún lugar entre el segundo y el tercer paradigma, no está causando ningún cambio, social u otro cualquiera, sino que está suscitando únicamente una manifestación superficial de cambio. Como su personaje inspirador Guy Fawkes/V, Anonymous trabaja con fuegos de artificio, creando un juego deslumbrante de luces y sombras que finalmente no tiene ninguna consecuencia real. Para mí es su inconsecuencia misma lo que hace todo ello mucho más puro.

Hablando recientemente con Ramsey Dukes sobre el tema, este comentó la diferencia entre el arte y la magia: la magia, dijo, trata de conseguir los resultados/cambios deseados, mientras que el arte es simplemente una liberación de las energías creativas y después un seguimiento de cómo esas energías traen el cambio, independientemente de nuestra voluntad (en el modelo cuádruple de Ramsey de Magia-Arte-Religión-Ciencia, la magia involucra al arte). El Movimiento Occupy (magia, en su mejor faceta) se superpone a Anonymous (arte, en su mejor faceta) porque algunos manifestantes utilizan máscaras y Anonymous alienta e incluso planea las protestas. Y como Anonymous, el Movimiento Occupy es una manifestación más que un catalizador de cambio. Su principal diferencia con respecto a Anonymous, es que, en mi impresión, muchos o la mayoría de los participantes de Occupy creen que están propiciando el cambio o al menos aspiran a hacerlo.

Esta es una diferencia clave. Es la diferencia entre dejar que un zeitgeist (espíritu) se mueva a través de uno (sin que sea necesario entenderlo) e intentar mover las cosas por uno mismo hacia el fin deseado. Por ejemplo: yo podría estar escribiendo este texto con miras a persuadir a otros de mi punto de vista; por el otro lado, podría simplemente estar usando las palabras como un medio para ver qué se está moviendo en el interior, qué viene a través de mí, sin ningún resultado específico en mente. En realidad es un poco de ambas —cuán efectivo será este texto será la única determinación real de qué tanto mi ego está previniendo que la interacción real (y por tanto la comunicación) ocurra.

Otra diferencia es distinguir la tiranía, la opresión, etc., de ellos, sin hacer un juicio de valor sobre ellos y tener un problema personal con ellos. Lo dicho sobre escribir este texto: si reconozco el aspecto desilusionante del Movimiento Occupy, ¿puedo hacerlo sin sentirme superior a este o sin verlo como un problema que necesita arreglarse? Para Anonymous y todos aquellos que quisieran aproximarse a la vida (incluyendo la tiranía y la opresión) en un espíritu de juego similar, el sistema global de control no es un problema que necesita arreglarse sino un digno contrincante en un gran juego de ping-pong cósmico. La diferencia entre estos dos oponentes es que un lado sabe que todo es un juego, mientras que el otro lo ve todo con mortal seriedad. Cuando los activistas toman su “revolución” en serio, yo diría que sin darse cuenta se están uniendo al lado al que se oponen, porque entonces comparten con este el mismo “espíritu”.

La revolución y la tiranía son los cuernos gemelos de un mismo demonio y la prueba es que, tal y como lo dictan las leyes físicas, la resistencia fortalece. Basado en ejemplos históricos (esto es, experiencia previa), oponerse a la estructuras de poder solamente refuerza y fortalece a largo plazo esas mismas estructuras. Como prueba A de este argumento presento el 9/11 y la resultante “guerra contra el terror”, la Patriot Act y la miríada de formas en que el gobierno de los Estados Unidos (y el global) utilizaron un acto de resistencia para consolidar su poder político y extender el aparato de tiranía, la misma tiranía que el ataque a las Torres Gemelas intentó (supuestamente) minar.

Como lo veo (y admito que no he experimentado directamente las protestas o acampadas), el Movimiento Occupy tiene dos propósitos. Primero, es una oportunidad para que la gente se reúna y conecte en una forma “divertida”, preferible a joderse con drogas y alcohol. Segundo, está sirviendo para ampliar la brecha existente entre las estructuras sociopolíticas de poder (y la supuesta “élite” detrás de estas, el 1%) y “el pueblo” (el 99%), quienes son, ambos, sujetos de dichas estructuras y, paradójicamente, quienes las preservan al depender de ellas. Como lo demuestra la reacción política reciente, el Movimiento Occupy actúa para dinamizar la vieja polarización del “nosotros y ellos”, tanto en la psique colectiva como en la individual. Todo esto es suficientemente “positivo” con miras a representar el psicodrama cristiano del Armagedón, ¿pero es eso realmente lo que deseamos?

Me parece que los Occupy de verdad quieren mejorar su suerte y la suerte de los presuntos oprimidos y en eso, quizá, radica el problema. Yo pienso que todos nosotros estamos igualmente oprimidos independientemente de nuestras condiciones sociales y que intentar mejorar esas condiciones resistiendo la corrupción gubernamental es como cambiar de lugar los muebles de una casa que está incendiándose. En cuyo caso mi pronóstico es que los niños de la revolución quedarán sumamente decepcionados cuando adviertan que el Movimiento Occupy —al energizar al enemigo— conduce a un resultado exactamente opuesto al que esperaban, esto es, a la concreción de la tiranía.


También imagino que muchos de los participantes más conscientes —de ambos bandos— saben esto, aunque puedo estar equivocado en la medida en que nada ciega más a la gente frente a la verdad que los ideales. Me parece interesante que a pesar de lo bien versados que muchos de los manifestantes de Occupy están en conceptos esotéricos, parece que operan según una interpretación de cambio social relativamente ingenua o endeble, justo como si se tratara de estructuras políticas ordinarias y seres humanos corruptos dirigiendo el show en vez de un colectivo milenario, patrones ancestrales (alias “demonios”) de la negación. Para recurrir a un gran cliché: ningún cambio puede ocurrir externamente a menos que sea consecuencia de un efecto dominó de un cambio interno. Occupy en las ciudades es una gran diversión para la opresión de nuestras vidas, pero quizá esto haga más probable que se posponga un cambio psíquico interno, o la “revolución”, más que propiciarlo.

Para ser claro: no me opongo al Movimiento Occupy ni a desafiar al “sistema”. Es un viaje de ego colectivo, en mi opinión, pero esto no debe tomarse como un juicio de valor en tanto un viaje de ego colectivo tal vez sea justamente lo que necesitamos en este momento como especie. A lo único a lo que me opongo es a la ilusión, y ya que tengo las manos llenas por haber sobrepasado mis propias ilusiones, el lector quizá se pregunte por qué estoy perdiendo el tiempo confrontando la ilusiones de otros. Mis comentarios sobre el Movimiento Occupy y todo lo demás no son más significativos o importantes que el movimiento en sí. Son también, hasta cierto punto, exhortaciones de mi ego con algo más profundo y más real moviéndose por debajo de su superficie. Diré esto: aquellos que creen que el Movimiento Occupy es parte de un cambio colectivo no necesitan defenderlo de mis ideas “heréticas” porque, si están en lo correcto, nada de lo que diga hará ninguna diferencia.

Pero desde mi punto de vista todo este movimiento se trata de mejorar las condiciones de los individuos (y grupos de individuos), lo cual implica que mana de una conciencia del ego, separatista, y que los involucrados intentan representar un cambio externo. Como una especie de teatro catártico, esto podría ser (un tanto) efectivo, pero dependería de reconocerlo como teatro, orientado no hacia reformar las estructuras externas sino hacia el cambio interno de los propios participantes. El Movimiento Occupy es parte de un proceso más amplio, claro, como la tiranía y todo lo demás. Lo que más me preocupa es que muchas personas van a ver frustradas sus esperanzas (como antes con Obama) cuando se den cuenta de que la naturaleza de la tiranía es no ceder ante la presión. O por lo menos nunca ha sucedido.

dimanche 11 décembre 2011

« Le travail du négatif », par Anselm Jappe.

   L’autobiographie de Guy Debord, intitulée Panégyrique, compte un deuxième volume, publié après sa mort. Il contient surtout des photographies, et parmi celles du premier chapitre on trouve l’image d’un mur, noirci par le temps, qui porte le graffiti « Ne travaillez jamais ». La didascalie précise : « Inscription sur le mur de la rue de Seine (1953) ». Le petit livre se clôt avec un « aperçu chronologique », consistant seulement en 16 brèves entrées. Le troisième événement que Debord mentionne dans ce résumé ultra-condensé de sa vie, après sa naissance et son premier film, est « 1953 : Inscription sur un mur de la rue de Seine ». Cette inscription à la craie, exécutée lorsqu’il avait 21 ans et probablement vite disparue, était donc selon le fondateur de l’Internationale situationniste une des étapes marquantes de sa vie. Mais qu’est-ce que cela veut dire : « Ne travaillez jamais » ? Cette toute petite phrase sonnait quand même comme une énormité, presque comme une absurdité. Elle constituait un défi autant aux pouvoirs constitués qu’aux oppositions qui se définissaient justement comme « mouvement ouvrier ». Aujourd’hui, elle apparaît plutôt comme un des points forts du renouvellement fondamentale de la critique sociale avancée par les situationnistes.
Cette photo avait déjà été reproduite dans le numéro 8 (janvier 1963) de la revue Internationale situationniste avec cette didascalie : « Programme préalable au mouvement situationniste. – Cette inscription, sur un mur de la rue de Seine, remonte aux premiers mois de 1953 […] L’inscription que nous reproduisons ici semble être la plus importante trace jamais relevée sur le site de Saint-Germain-des-Prés, comme témoignage du mode de vie particulier qui a tenté de s’affirmer là »1. Ce langage « détournant » celui de l’archéologie pose donc le refus du travail comme un élément central de la vie des jeunes lettristes vers 1953, lequel aurait directement conduit à la formation du mouvement situationniste. En effet, en parlant de ces gens dans son film autobiographique In girum imus nocte (1978), Debord rappelle que « l’existence de tous était principalement caractérisée par une prodigieuse inactivité ; et entre tant de crimes et délits que les autorités y dénoncèrent, c’est cela qui fut ressenti comme le plus menaçant »2. Dans un passage de Panégyrique décrivant le même milieu, il souligne qu’« on y trouvait en permanence des gens qui ne pouvaient être définis que négativement, pour la bonne raison qu’ils n’avaient aucun métier, ne s’occupaient à aucune étude, et ne pratiquaient aucun art »3.
Au-delà d’une critique du travail, nous sommes ici face à un véritable éloge du désœuvrement, du ne rien faire. Cela concerne également Debord lui-même : dans une lettre de 1986, en parlant d’un film sur l’Espagne pour lequel il avait signé un contrat avec son mécène G. Lebovici sans avoir jamais commencé sa réalisation, Debord dit de ne pas « regretter d’avoir tout de suite proclamé le ferme projet de ne jamais réaliser De l’Espagne. Ce titre stendhalien constituera mon véritable chef d’œuvre ; accomplissant enfin pleinement ma tendance la plus profonde, et qui fut moins visiblement présente dans toutes mes ébauches artistiques (tendance plutôt négative, je dois le dire ». Finalement, son film-testament Guy Debord, son art et son temps (1994) commence avec ces vers d’une chanson d’Aristide Bruand : « J’en foutrai jamai’ un’ secousse / Mêm’ pas dans la rousse / Ni dans rien »4.
On pourrait donc en déduire que l’invitation « ne travaillez jamais » dérive de la tradition « bohème » qui, après quelques antécédents chez les romantiques, commence à caractériser dans la deuxième moitié du XIXe siècle les milieux artistiques, autant que les « voyous » si chers à Debord. Tandis que toute la science, la pensée officielle, la religion, mais également les mouvements anti-capitalistes5 encensaient le travail et les travailleurs comme source de toute richesse, mais également de toute morale, il n’y avait que les marges du monde de la littérature et des arts pour exprimer un refus de sacrifier sa vie au travail et au dynamisme forcené de la société moderne. Cela s’exprima autant dans le dandysme de Baudelaire que dans le vers « Jamais nous ne travaillerons, ô flots de feu ! » de Rimbaud, ou dans la dédaigneuse référence à l’homme qui confie dans ses efforts « car il a consenti à travailler » au début du Manifeste du surréalisme, jusqu’aux éloges de la paresse publiés en 1921 par le dadaïste Clément Pansaers et par Malevitch. Mais ce refus gardait un aspect fortement individuel et exprimait le désir, ou le projet, de se dérober personnellement à la tyrannie du travail. Une société sans travail semblait difficile à imaginer.
Les situationnistes avaient dépassé les avant-gardes artistiques précédentes et évoluaient vers un mouvement révolutionnaire justement dans la mesure qu’ils voulaient lier un effort personnel de libération avec une action collective, visant la société toute entière. Leur critique du travail avait donc partie liée avec la vision d’une société toute autre. En effet, dans le numéro 12 de leur revue, sorti en 1969 et largement consacré aux événements de mai ’68, la photo d’un mur parisien portant le slogan « Ne travaillez jamais » était ainsi commentée : « Un slogan de mai. – Cette inscription, tracée sur un mur du boulevard de Port-Royal, reproduit exactement celle dont le n° 8 de cette revue (p. 42) avait publié la photographie. Elle gagne certainement en force à accompagner, cette fois, une grève sauvage étendue à tout le pays ». Avoir transformé le désir d’un individu dans un mouvement de masse, telle était pour les situationnistes leur plus belle réussite.
Pour Debord, sortir de la société du spectacle signifiait également sortir de la société du travail. Mais comment satisfaire les besoins humains sans travailler ? Dans le bref « aperçu chronologique » déjà mentionné, on lit : « 1963 : Cinq ‘directives’ tracées sur des toiles ». Une de ces directives, qui énonçaient la quintessence de l’agitation situationniste pour les années successives, proclamait : « Abolition du travail aliéné ». Donc, ce n’est pas l’effort en tant que tel qui était à bannir pour les situationnistes, mais le travail que Marx avait appelé « aliéné » : l’activité dont le produit est séparé de son producteur, qui ne reçoit que son salaire. Debord utilise ces catégories également pour qualifier sa propre attitude : « D’où peut-on conclure que je ne travaille pas ? J’ai dirigé douze ans une revue, écrit un livre et nombre d’opuscules, brochures et tracts, tourné et monté six films. En grande partie, le travail du négatif en Europe, pendant toute une génération, a été mené par moi. Je me suis contenté de refuser seulement le travail salarié, une carrière dans l’État, ou le moindre subside de l’État sous quelque forme que ce soit […] Je ne crois pas que l’on puisse dire que je me suis continuellement amusé » écrivit-il en 19856. Le « travail du négatif » : pour Debord, son « travail » consistait essentiellement dans ses activités révolutionnaires, et pour les qualifier il se réfère à la définition hégélienne du côté négateur de l’esprit, celui qui fait avancer la marche de l’histoire…
Et encore plus tard, il renchérit : « Ne jamais travailler demande de grands talents. Il est heureux que je les aie eus […] Le refus du ‘travail’ a pu être incompris et blâmé chez moi. Je n’avais certes pas prétendu embellir cette attitude par quelque justification éthique. Je voulais simplement faire ce que j’aimais le mieux »7. Debord lui-même, dépourvu d’une fortune personnelle, a pu se dérober au travail surtout grâce à une pratique constante du potlatch, donc de la générosité vers d’autres qui parfois la lui ont rendu grandement. Mais qu’est-ce que le refus du travail au niveau social ?
Différemment de l’attitude « bohème » des avant-gardes culturelles, les situationnistes des années 1960 attendaient le salut de la part du prolétariat, même dans sa forme classique de travailleurs d’usine. Cependant, il ne s’agissait plus de la révolte du travail contre ses exploiteurs, comme dans le marxisme traditionnel, encore très présent à cette époque-là, mais de la révolte des travailleurs contre le travail aliéné, telle qu’elle s’exprimait à travers des grèves sauvages, des actes de sabotage, de l’absentéisme, etc8. Et qu’est-ce qui aurait remplacé le travail aliéné ? Pour les situationnistes, il n’était certes pas question d’un simple changement de statut juridique, pour lequel les ouvriers devenaient formellement propriétaires des moyens de production, tout en continuant à travailler dans des conditions aliénantes : c’était ce qui était arrivé dans les pays dits « communistes ».
Comment alors abolir le travail aliéné ? D’un côté, les situationnistes plaçaient, au début de leur parcours, beaucoup d’espoir dans l’automation de la production9. Celle-ci aurait pu, selon eux, libérer l’humanité du joug du travail pour la faire rentrer dans une société basée sur le jeu et les « loisirs », qui était cependant empêchée par les « rapports de production » capitalistes (et finalement spectaculaires) qui perpétuent la domination des propriétaires des moyens de production sur les travailleurs. Ils n’étaient pas les seuls dans les années 1950 à nourrir cette illusion sur une possible émancipation à travers les machines : en témoignent, parmi beaucoup d’autres, les écrits de l’ex-surréaliste, ex-trotskiste et sociologue Pierre Naville portant sur l’automation et le passage « de l’aliénation à la jouissance ». Si l’on ne tient pas compte de cet enthousiasme pour la possibilité de « détourner » l’industrialisation, on ne saurait pas comprendre le projet situationniste initial : ni son côté technophile, avec la « peinture industrielle » de Pinot Gallizio et la ville de « New Babylon » conçue par Constant, ni en général la volonté de réaliser pleinement les possibilités libératrices créées par le développement des forces productives dans l’après-guerre et leur application à la vie quotidienne, toujours déviées vers la continuation de la société de classe. Après 1970, Debord a souligné, au contraire, les dangers que le développement non maîtrisé des forces productives faisait courir à la « planète malade », et donc à tout projet d’émancipation.
Le propos d’abolir le travail grâce à la technologie ne paraît plus aujourd’hui très convaincant. Mais Debord a également ébauché une critique du travail plus actuelle que jamais : en décrivant le spectacle comme la forme la plus développée de la société basée sur la production de marchandises, il a implicitement repris et mis à jour la critique marxienne de la marchandise et de ce qui la fond : le travail abstrait. Un travail qui est « abstrait » dans le sens que tous les travaux concrets, toutes les activités exécutées en vue d’un but spécifique ne comptent que comme simple dépense de temps de travail, d’un temps indifférencié dont n’intéresse pas le contenu, mais la durée – c’est celle-ci qui crée la valeur qui s’exprime dans l’argent10. Si le travail dans la société contemporaine est souvent nocif et inutile, cela est dû essentiellement au fait qu’il ne sert qu’à accroître le capital, à transformer un euro en deux. Produire des carottes ou des fusils, des chaussures ou des game boys n’est qu’un aspect secondaire de ce processus. Voilà pourquoi on travaille beaucoup plus du nécessaire dans le monde contemporain, souvent dans des conditions horribles et pour produire des choses superflus. « Ne travaillez jamais » signifie donc d’abord de se refuser à cette logique, de ne pas se mettre à disposition d’un système qui demande qu’on travaille, à n’importe quoi. Il faut revendiquer une vie pleine pour tous, pas le plein emploi.
 
 

1 D’ailleurs, après la publication de cette photo dans la revue, celle-ci se voit sommée de payer des droits d’auteur à celui qui avait pris la photo à son temps et la diffusait maintenant sous forme de carte postale « humoristique », en plus affublée de la légende « Les conseils superflus ». Debord répondit en revendiquant la paternité de « la plus belle œuvre de [sa] jeunesse ».
2 Maintenant dans Guy Debord, Œuvres, Gallimard, collection Quarto, Paris 2006, p. 1365.
3 Maintenant dans Guy Debord, Œuvres, p. 1665.
4 Notons que les vers immédiatement précédents de cette chanson disent : « J’peux pas travailler / ça m’emmerde ».
5 Avec des rares exceptions, comme le pamphlet Le Droit à la paresse de Paul Lafargue (1880), ou certains anarchistes français de la « Belle époque ».
6 Considérations sur l’assassinat de Gérard Lebovici (1985), maintenant dans Debord, Œuvres, p. 1573.
7 « Cette mauvaise réputation… » (1993), maintenant dans Debord, Œuvres, p. 1801.
8 En 1974 a été publié le disque « Pour en finir avec le travail – Chansons du prolétariat révolutionnaire » ; le textes de ces chansons « détournées » étaient dus à Debord et à d’autres situationnistes.
9 Au plus haut degré dans « Les situationnistes et l’automation » d’Asger Jorn dans le premier numéro d’Internationale situationniste (1958).
10 Pour une analyse détaillée, voir : Anselm Jappe, Les Aventures de la marchandise. Pour une nouvelle critique de la valeur, Denoël, Paris 2002.
 
D'autres textes sur ce site autour de la théorie des rapports capitalistes (et spectaculaires) :
 
 
- Le concept de spectacle et la critique de la valeur (article Wikipedia sur Debord)
Le spectacle comme illusion et réalité : Guy Debord et la critique de la valeur. (colloque " Dérives pour Guy Debord ", 2007, Strasbourg)