El viejo campesino extremeño dejó a un lado la vara con la que había
sacudido el olivo y se dispuso a recoger las aceitunas de la red que
había tendido en el suelo bajo el árbol centenario. Se colocó los
auriculares de botón del pequeño aparato de radio, que ahora ya no le
estorbaban ni se caerían como hubiera ocurrido durante el vareo, y se
dispuso a escuchar las noticias de Radio Nacional de España.
“El bosón de Higgs, esa extraña y por ahora virtual partícula de la que
ni siquiera se sabe con certeza su existencia, puede estar punto de ser
encontrado. Los científicos involucrados en la investigación en el L.H.C
del CERN de Ginebra, creen tener suficientes indicios de que la esquiva
partícula subatómica está “acorralada” y a punto de dejarse ver” .
Tras limpiar y recoger las aceitunas en un capazo, se dispuso a
ensacarlas y, al agacharse para abrir el saco, el viejo tuvo una
sensación extraña, la impresión virtual de haber sido golpeado en la
frente por uno de aquellos puñeteros bosones inencontrables de forma
natural.
―¿Por que no? ―se preguntó―. Si para poder visualizarlo, o mejor
detectarlo, los físicos del CERN tenían que hacer chocar haces de
partículas a velocidades semi-lumínicas, eso no quiere decir que, de
existir en la naturaleza, no estemos siendo atravesados cada segundo por
millones de esas enanas y fundamentales partículas.
El viejo, enormemente aficionado a las grandes cuestiones fundamentales
de la física, bien que en su aspecto mas divulgativo y entendible por
profanos no especialistas en tan abstrusa materia, desde hacía años
había leído con avidez mucho de lo publicado sobre la “partícula de
Dios”, como había sido bautizada por no recordaba quién.
―No, no es por el puñetero y pequeño bosón por el que estamos siendo
atravesados millones o billones de veces cada día, sino por los no menos
esquivos neutrinos” ―recordó pensativo.
Mientras proseguía en solitario con la faena de recolección de un par de
sacos de verdinegra aceituna, tarea que se había autoasignado para
aquella mañana ―las tardes se las tomaba libres el jodido y jubiloso
jubilado―, se enfrascó en profundas elucubraciones reflexionando sobre
la partícula “a punto de ser encontrada” ―¡ojalá!―, sobre el mundo, el
Universo, el Multiverso, Dios y… el Todo. ¡Casi nada!
Parece que si se confirma la existencia del bosón de Higgs, o tal vez
incluso antes de confirmarse, se puede predecir o suponer que no existe
el vacío ni la nada. Que todo está “lleno”, que todo es, al menos, un
“campo de Higgs”. De ahí que la explicación del porqué son masivas las
partículas que tienen masa, es por algo así como por una “emanación” o
creación a partir de ese campo. A mayor interacción de las partículas
con el campo de Higgs, mayor es la masa de éstas. Así pues, nuestro
“Universo burbuja” o mas aún, el Multiverso o el “Todo-lo-Existente”, es
una creación continua del Campo de Higgs, del “lleno”, no del “vacío”.
En alguna ocasión, había leído que el Big Bang, y la creación del
Universo, habían surgido o comenzado por una “fluctuación o torsión
cuántica de la nada”, o algo parecido.
Todo aquello lo dejó sumido en el escepticismo y la incredulidad. Mejor
que aquella fluctuación o torsión de la nada, que le pareció algo así
como si al multiplicar el cero por equis ceros… surgiera el número uno.
¿Cómo, de una fluctuación de donde solo hay ―o no hay― nada, va a surgir
el Todo? No, ante esas respuestas y explicaciones de la física, que
nada responden ni explican, prefería las explicaciones mas “clásicas” de
un Dios del que todo emana mediante su FIAT todopoderoso. Pero eso
tampoco le dejó nunca satisfecho.
―Así pues ―elucubró―, si suponemos (a la espera de la confirmación por
el LHC) de que el “Todo-lo-Existente”, llamámosle Universo, o mejor
Multiverso, está completo o “lleno” del campo de Higgs; si no existe la
Nada o el vacio absoluto, antes al contrario, el Todo y el “lleno”
absoluto, de un campo en el que ocurren todas las interacciones, también
podemos suponer o elucubrar que este Todo, donde “todo” ocurre es una
particularísima especie de Dios. ¡Claro! La “partícula de Dios” como se
ha dado en llamar al Bosón de Higgs, y todas las demás partículas del
Multiverso que interactúan en él en los diversos campos conocidos y en
los todavía desconocidos, conforman un “Dios Natural” muy distinto de
esa especie de Supermán todopoderoso y milagroso, o más bien milagrero,
de las distintas y muchas religiones.
―Si la “partícula divina”, o bosón de Higgs, y todas las partículas que
llenan el Todo, integran a Dios ―prosiguió―, ello viene a suponer una
especie de confirmación al revés del concepto de algunas religiones
monoteístas del “Dios-en-todas-partes”. No, todas las partes, todas las
partículas existentes, están en y “hacen” a Dios. Exacta y justamente al
revés.
Y concluyó así:
―Y si todas la partículas del Todo, integran a este “Dios Natural”, el
corolario de ello es que también todas las partículas agrupadas en
átomos, moléculas células, órganos, etc, todo lo que hemos dado en
llamar vida o seres vivos ―tales como ése “hermano olivo” que acabo de
varear, o ésa “hermana hormiga” que veoo trepar por el tronco , son ―¡
claro está!― “células” de Dios. Como yo mismo, como todo aquello de lo
que se pudiera decir que está “vivo”. Otra coincidencia, y ésta no al
revés, sino idéntica a éste otro concepto o cita religiosos: “Yo soy la
Verdad y la Vida”. Si, las partículas materiales componen el “cuerpo”,
la vida, el “cerebro”, la Verdad, ―cualquier cosa que ésta sea―, el
espíritu y el alma de Dios.
―¡Hay que ver a dónde me ha llevado el pequeñísimo bosón, tal vez
inexistente de don Peter Higgs! ―se dijo casi en alta voz el viejo
aceitunero, no solo altivo, sino más soberbio que el mismísimo Lucifer,
pues que acababa de descubrirse y reconocerse Dios.
Y tras vaciar en el saco el segundo esportón, se lo cargó al hombro y
fue a vaciarlo al montón de aceitunas, que luego cargaría en un pequeño
remolque para llevarlas a la almazara de un pueblo cercano.
POUSSIÈRES
POUR
UN GOLEM FUTUR
SEULES LES RUINES
SONT VRAIES
PARCE QUE L'ARCHAÏQUE
DÉMYSTIFIE
LE CONTEMPORAIN
dimanche 5 février 2012
Ecologie en temps de guerre. Quand les États-Unis luttaient contre le gaspillage des ressources
« Notre mode de vie n’est
pas négociable » a déclaré G. W. Bush. Pourtant, pendant la Seconde
guerre mondiale, les citoyens américains ont renoncé un moment à la
culture de la consommation et du gaspillage.
Aux États-Unis, les générations
actuelles sont-elles équipées pour répondre au défi homérique que
représente le réchauffement climatique ? Si les grands médias glosent à
longueur de page sur les « crédits de carbone », les « voitures
hybrides » et l’« urbanisme intelligent », il n’en reste pas moins que
notre empreinte écologique ne cesse d’augmenter. À titre d’exemple, la
maison américaine typique est aujourd’hui 40 % plus grande qu’il y a
vingt-cinq ans, alors même que la taille de chaque foyer s’est réduite.
Dans le même temps, les mammouths du genre 4x4 (qui représentent 50 %
des voitures particulières) ont envahi les autoroutes, tandis que la
taille des surfaces commerciales par habitant - un moyen indirect, mais
fiable, de mesurer l’augmentation de la consommation - a quadruplé.
Autrement dit, nous sommes trop nombreux à parler
d’écologie tout en conservant un mode de vie surdimensionné – donnant
ainsi du grain à moudre aux conservateurs qui multiplient les tribunes
fustigeant cyniquement les factures d’électricité d’Al Gore. Nous sommes
désespérément drogués aux énergies fossiles, au shopping compulsif, à
l’expansion suburbaine et au régime carnivore. Les Américains
pourront-ils jamais renoncer volontairement à leurs 4x4, à leurs
hamburgers, à leurs énormes manoirs de banlieue et à leurs sacro-saintes
pelouses ?
Surprise : la bonne nouvelle nous vient du passé.
Dans les années 1940,
les Américains combattaient simultanément le fascisme à l’étranger et le
gaspillage chez eux. Mes parents, leurs voisins, et des millions
d’autres Américains laissaient la voiture au garage pour se rendre au
travail à vélo, retournaient leur pelouse pour planter des choux,
recyclaient les tubes de dentifrice et l’huile de cuisson, prêtaient
bénévolement leurs services aux crèches et aux centres de l’United
Service Organization [1],
offraient le gîte et le couvert à des inconnus, et s’efforçaient
consciencieusement de réduire leur consommation et d’éviter le
gaspillage inutile. La Seconde Guerre mondiale donna ainsi lieu à la
plus grande expérience d’écologie populaire de l’histoire des
États-Unis. Lessing Rosenwald, le directeur du Bureau pour la
conservation des matériaux industriels, exhortait ses compatriotes « à
passer d’une économie de gaspillage – et on connaît les habitudes de ce
pays en matière de gaspillage – à une économie de préservation. » Une
majorité de civils répondit à l’appel, certains à contrecoeur, beaucoup
avec enthousiasme.
Le symbole le plus célèbre de ce nouvel état d’esprit
était les « jardins de la victoire ». Initialement encouragés par
l’administration Wilson pour lutter contre la pénurie alimentaire
pendant la Première Guerre mondiale, les jardins potagers communautaires
ou familiaux sont réapparus au début du New Deal et furent alors élevés
au rang de stratégie de subsistance pour les chômeurs. Au lendemain de
Pearl Harbor, l’enthousiasme populaire fit céder les résistances des
fonctionnaires du ministère de l’Agriculture et fit des « jardins de la
victoire » le dispositif central de la campagne nationale « Food Fights
for Freedom ».
Dès 1943, haricots et carottes poussaient sur la pelouse
de la Maison-Blanche et, à l’instar de la Première Dame Eleanor
Roosevelt, près de 20 millions de « jardiniers de la victoire »
assuraient 30 % à 40 % de la production nationale de légumes –
permettant en retour aux fermiers de nourrir la Grande-Bretagne et la
Russie. Dans The Garden Is Political, un recueil de poèmes populaires
publié en 1942, John Malcolm Brinnin saluait ces « mètres carrés
d’internationalisme » surgissant dans les villes américaines. Même si
les jardins de la banlieue et de la campagne étaient plus étendus et
souvent plus productifs, certains des horticulteurs les plus
enthousiastes étaient les enfants des centres-villes, reconvertis en
paysans urbains fiers de leur capacité d’autosubsistance. Dans les
grands centres industriels du pays, avec l’aide des boy-scouts, des
syndicats et des centres sociaux, des milliers de sinistres terrains
vagues couverts d’ordure furent transformés en jardins communautaires. À
Chicago, 400 000 écoliers s’engagèrent dans la campagne « Clean Up for
Victory », destinée à récupérer de la ferraille pour l’industrie et à
nettoyer des parcelles pour les transformer en jardins.
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VICTORY GARDEN
samedi 4 février 2012
VICTORY GARDEN of TOMORROW (artivisme)
La crise actuelle et la fin du capitalisme implique que nous devenions tous plus ou moins un peu jardinier.
En
1943 Eleanor Roosevelt contribua au lancement d’un mouvement des
« Jardins de la Victoire » qui devinrent une contribution conséquente à
l’alimentation de la nation en temps de guerre.
Des « Jardins de la Victoire » étaient cultivés jusque sur les toits des immeubles.
A la fin de la seconde guerre mondiale, plus de 20 millions de jardins privés fournissaient 40% des produits consommés aux USA.
Des « Jardins de la Victoire » étaient cultivés jusque sur les toits des immeubles.
A la fin de la seconde guerre mondiale, plus de 20 millions de jardins privés fournissaient 40% des produits consommés aux USA.
***
A Portland, Etats-Unis, l’artiste Joe Wirtheim
a récemment remis au goût du jour et détourné des affiches de
propagande utilisées lors des deux guerres mondiales afin de promouvoir
le jardinage (cf. la fiche Wikipedia sur les Victory Garden)… pour lancer une campagne incitant les américains à “l’innovation civique” et au “progrès social”.
Une affiche d’époque
Intitulé “Victory Garden of Tomorrow”
(VgoT – “les jardins de la victoire de demain”), cette campagne entend
rappeler l’ingénuité dont l’Amérique a su faire preuve à l’époque face à
l’ennemi tout en l’incitant à en user pour combattre les problèmes
actuels.
Ainsi que l’explique l’artiste sur TreeHugger:
I started reading some history and looking up period poster art, and fell in love with the idea of the “victory garden”. The history of it is so simple and charming – I especially liked the active voice in the poster art, like: “Help Harvest” or “Can all you Can” about canning vegetables for winter. These were all very classic folk activities, doing things like growing vegetables, canning them. There were others like collecting salvaged steel, aluminum, and rubber which I felt was perfect – its like not only going back to classic folk values, but then cleaning up the industrial mess that we appear to buried in.
Cette campagne me rappelle étrangement celle des Green Patriots Posters… et confirme à mes yeux la facilité
avec laquelle les activistes écologistes américains établissent un
parallèle entre les efforts nécessaires actuellement pour changer de
paradigme et les efforts de guerre réalisés lors de la seconde guerre
mondiale.
Et vous, ce type de campagne et
d’affichage vous parle-t-il ? Pensez vous que cela pourrait nous
inciter, en France, à devenir plus locavores ?
++ Pour aller plus loin: http://victorygardenoftomorrow.com/posters.html
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vendredi 3 février 2012
Tout conspire pour l'insignifiance
La Montée de l’insignifiance, de Cornelius castoriadis
Emission de Daniel Mermet, 1996 à écouter :
http://www.la-bas.org/article.php3?id_article=1039
Ni Dieu, ni césar, ni tribun!…
Emission de Daniel Mermet à écouter : http://www.la-bas.org/article.php3?id_article=1039
Emission de Daniel Mermet, 1996 à écouter :
http://www.la-bas.org/article.php3?id_article=1039
Ni Dieu, ni césar, ni tribun!…
Daniel Mermet. — Pourquoi ce titre, la Montée de l’insignifiance ? Est-ce la caractéristique de l’époque ?
Cornelius
Castoriadis. — Ce qui caractérise le monde contemporain, ce sont bien
sûr les crises, les contradictions, les oppositions, les fractures,
etc., mais ce qui me frappe surtout, c’est précisement l’insignifiance.
Prenons la querelle entre la droite et la gauche. Actuellement, elle a
perdu son sens. Non pas parce qu’il n’y a pas de quoi nourrir une
querelle politique et même une très grande querelle politique, mais
parce que les uns et les autres disent la même chose. Depuis 1983, les
socialistes ont fait une politique, puis Balladur est venu, il a fait la
même politique, puis les socialistes sont revenus, ils ont fait avec
Beregovoy la même politique, Balladur est revenu, il a fait la même
politique, Chirac a gagné les élections en disant : « Je vais faire
autre chose », et il fait la même politique. Cette distinction manque de
sens.
D.M. — Par quels mécanismes cette classe politique est-elle
réduite à cette impuissance ? C’est le grand mot aujourd’hui,
impuissance.
C.C. — Ce n’est pas un grand mot, et ils sont
impuissants, c’est certain. La seule chose qu’ils peuvent faire c’est
suivre le courant, c’est-a-dire appliquer la politique ultralibérale qui
est à la mode. Les socialistes n’ont pas fait autre chose, et je ne
crois pas qu’ils feraient autre chose revenus au pouvoir. Ce ne sont pas
des politiques à mon avis, mais des politiciens – au sens de
micropoliticiens. Des gens qui font la chasse aux suffrages par
n’importe quel moyen.
D.M. — Le marketing politique ?
C.C. —
C’est du marketing, oui. Ils n’ont aucun programme. Leur but est de
rester au pouvoir ou de revenir au pouvoir, et pour cela ils sont
capables de tout. Clinton a fait sa campagne électorale en suivant
uniquement les sondages : « Si je dis ceci, est-ce que ça va passer ? »
En prenant à chaque fois l’option gagnante pour l’opinion publique.
Comme disait l’autre : « Je suis leur chef, donc je les suis. » Ce qu’il
y a de fascinant dans l’époque, comme dans toute époque d’ailleurs,
c’est comment cela conspire. Il y a un lien intrinsèque entre cette
espèce de nullité de la politique, ce devenir nul de la politique, et
cette insignifiance dans les autres domaines, dans les arts, dans la
philosophie ou dans la littérature. C’est cela l’esprit du temps : sans
aucune conspiration d’une puissance quelconque qu’on pourrait désigner,
tout conspire, au sens de respire, dans le même sens, pour les mêmes
resultats, c’est-à-dire l’insignifiance.Emission de Daniel Mermet à écouter : http://www.la-bas.org/article.php3?id_article=1039
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psychologie,
SOCIAL
Minitel 2.0
Non, la chute de MegaUpload n’est pas du tout une mauvaise nouvelle
pour internet, bien au contraire. Cela tient au fait que MegaUpload
(comme DailyMotion, Youtube, mais aussi Google, Facebook et dans une
moindre mesure Wikipédia) fonctionnent tous sur le modèle technique du
réseau dit « en étoile », c’est à dire un réseau centré tel
qu’on savait déjà le faire dans les années 50. L’image typique retenue
par Bayart à ce sujet est celle du minitel. C’est ce type de réseaux qui est
contrôlé (parce que facilement contrôlable, puisqu’il suffit
d’intervenir sur le serveur « source » pour tout bloquer) et susceptible d’être coupé à tout instant par ses détenteurs.
Ce
modèle technique est en opposition frontale avec celui de l’internet,
qui est fondamentalement (i.e. à ses origines) un modèle de réseau
décentré, dans la mesure ou chaque poste est à la fois client et serveur.
Un tel réseau est par construction incontrôlable puisqu’il s’agirait de
pouvoir intervenir sur chaque connexion poste à poste, ce qui dans un
monde (de centaines?) de millions de postes individuels est
inconcevable.
Les opérateurs établis contrôlent certes le réseau « haut débit » (pour les particuliers, ce qualificatif n’est valable qu’en réception tandis que l’émission est volontairement bridée par l’oligopôle en place) mais rien n’empêche des voisins de tirer leurs propres câbles chez les uns et les autres et d’ainsi recevoir ET émettre sans entrave.
P.S.
A méditer également sur la conférence, le modèle économique des
télécoms, ou comment faire grossir très artificiellement les volumes
d’échanges…
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cerveau collectif,
partage,
web
LA CIVILISATION DE RACCOURCIR L'ESPÈCE
En 1797 il [Thomas Paine] dédie au Directoire un libelle, La justice agraire…, dont le sous-titre précise : « Contenant un plan pour améliorer la situation générale de tous les hommes ». L’argumentation générale, remarquable, reste toujours, malheureusement, plus actuelle que jamais.
« C’est encore une question fort incertaine, se demande-t-il d’entrée de jeu, de savoir si l’état de société qu’on intitule orgueilleusement, et peut-être indûment la civilisation, a augmenté ou diminué le bonheur de la race humaine en général ». Mettant en contraste la misère hideuse qu’on constate dans toutes les villes d’Europe et celle d’un Indien d’Amérique, misérable au regard « de nos personnages opulents », mais tel « un jour de fête perpétuel » à celui de nos misérables, il conclut que la civilisation « a rendu une partie des hommes plus riche et l’autre plus pauvre qu’ils ne le seraient dans leur état primitif ou naturel ». La question politique première, à laquelle toutes les autres sont subordonnées, est celle de savoir comment rendre l’état de société et de civilisation préférable à l’état de nature aux yeux de la grande majorité des êtres humains alors que c’est actuellement, poursuit-il, la situation inverse qui prévaut.
Qui peut douter que ce sera là la question première du XXIe siècle également : comment éviter qu’une partie de l’humanité, rendue d’autant plus pauvre que l’autre sera toujours plus riche ne préfère systématiquement « l’état de nature », autrement dit la guerre de tous contre tous, à l’état de société ? Et le risque qu’il en soit ainsi sera d’autant plus grand si l’état de société devait se révéler n’être lui-même qu’une autre forme d’état de nature et de guerre, la guerre économique et financière de tous contre tous.
![]() |
| Seule l'initiative privée est assez imaginative pour créer la faim à partir du pain! |
L’humanité s’est donné un destin commun : le positif de tous ces risques qui nous menacent, de toutes ces crises systémiques, c’est que l’humanité peut devenir le sujet de sa propre histoire. Elle a commencé, avec Hiroshima, à comprendre qu’elle était le sujet négatif de son histoire. Elle pourrait, à l’heure de Fukushima, devenir le sujet positif de son histoire.
Quand on parle de gouvernance, on tient toujours à y mettre la fonction de défense, qui fait partie de la souveraineté. Or, que serait un ministère de la défense de l’humanité ? Le propre d’un ministère de la défense, c’est d’analyser les menaces et d’y répondre. Existe-t-il des menaces lourdes qui pèsent sur l’humanité ? La réponse est oui. Mais ces menaces ne viennent pas de l’extérieur. La barbarie n’est pas extérieure, elle est intérieure, et l’Europe a payé un prix assez lourd pour avoir conscience que la barbarie peut naître au cœur des civilisations.
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civilisation,
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MAUSS,
Patrick Viveret
mercredi 1 février 2012
Forces d'attraction: pour une nuit ou pour la vie
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programmation,
psychologie,
sexe
lundi 30 janvier 2012
Influence de l'argent sur la faim, l'entraide et la douleur
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argent,
comportement,
être programmé,
influence,
pouvoir,
programmation,
psychologie
vendredi 20 janvier 2012
TRABAJO DE INVESTIGACION DEMUESTRA QUE QUE LA MAYORIA DE LAS PERSONAS ACTUAN COMO BORREGOS
Traducción y revisión por DESPERTARES.
Científicos de la Universidad de Leeds han realizado investigaciones que demuestran la tendencia de muchos a actuar como ovejas, sin darse cuenta siguen a la multitud como si no tuvieran una mente racional.
Aunque esta tendencia puede tener sus usos en algunas situaciones, tales como la planificación del flujo de peatones en áreas muy concurridas, no inspira mucha esperanza para la humanidad.
El estudio demostró que se necesita una minoría de apenas un
5% para influir en la dirección de la multitud – y que el otro 95% les
seguía sin siquiera darse cuenta de lo que estaba pasando.
El profesor Krause, junto con un estudiante de doctorado, John Dyer,
llevaron a cabo una serie de experimentos en los que un grupos de
voluntarios caminaban al azar en un gran salón. Dentro del grupo, algunos previamente habían recibido instrucciones sobre hacia dónde caminar.
Los participantes no tenían permitido comunicarse con los demás o
influir intencionalmente a nadie. Los resultados en todos los casos
revelaron que las personas previamente informadas fueron seguidas por los demás dentro la multitud, formando una autoorganización, una estructura como de serpiente (o rebaño de ovejas, escoja el que quiera).
Explica el profesor Krause:
“Todos hemos estado en situaciones donde hemos sido arrastrados por una multitud, pero lo interesante de esta investigación es que nuestros participantes terminaron haciendo una decisión por consenso a pesar de que no se les estaba permitido hablar o realizar algún gesto el uno al otro. En la mayoría de los casos los participantes no se dieron cuenta en absoluto que estaban siendo dirigidos por otros“.
En otros experimentos en este estudio se utilizaron grupos de
diferentes tamaños, con diferentes proporciones de “individuos
previamente informados”. Los resultados del estudio muestran que a medida de que el número de personas en la multitud aumenta, el número necesario de individuos adiestrados decrece. En las grandes multitudes de 200 o más personas, tan solo el 5% del grupo es suficiente para influir en la dirección en que los demás van.
La investigación también analizó diferentes escenarios para la
ubicación de los “individuos informados” para determinar si el lugar
donde se encontraban tenía alguna incidencia en el tiempo necesario para
que la gente les siguiera.
“Al principio empezamos a investigar sobre las decisiones por consenso en humanos porque estábamos interesados en la migración de animales, especialmente las aves, donde puede ser difícil identificar a los líderes de una manada”, dice Krause. “Sin embargo, precisamente se demostró que hay grandes similitudes entre el comportamiento animal grupario y las multitudes humanas”.Esta investigación fue financiada por el Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas, siendo un estudio de colaboración entre las universidades de Oxford y Bangor de Gales. El documento relativo a esta investigación, titulado “Decisiones por consenso en las multitudes humanas” se publicó en la edición de la revista Comportamiento animal.
Notas de los editores:
1. Jens Krause es profesor de Ecología del Comportamiento, en el Instituto de Biología Integrativa y Comparativa. Sus áreas de investigación se centran en los mecanismos y funciones de la vida en grupo en los animales.
2. La Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Leeds es una de las más grandes en el Reino Unido, con más de 150 miembros en el personal académico y más de 400 becarios posdoctorales y estudiantes de postgrado. La Facultad ha recibido becas de investigación por un total de 60 millones de Libras y los financiadores incluyen beneficiencias, consejos de investigación, la Unión Europea y la Industria. Cada una de las unidades principales de la Facultad tiene el más alto grado de investigación. clasificado en 5 de acuerdo con el último Ejercicio de Evaluación de la Investigación del gobierno (HEFCE) , que indica el prestigio internacional en investigación. La Facultad está también constantemente entre los tres primeros en financiación de los consejos de investigación del gobierno, el BBSRC y NERC. http://www.fbs.leeds.ac.uk/
3. La Universidad de Leeds es una de las mayores instituciones de educación superior en el Reino Unido con más de 30.000 estudiantes de 130 países.
Fuente en español: agente2012
Fuente original en la Universidad de Leeds publicado el 14/02/08 (inglés): Sheep in human clothing – scientists reveal our flock mentality
Libellés :
bétail,
dépendances,
formatage
dimanche 1 janvier 2012
Situation de Transhumance (explore extinction highways)
La dissonance interne au système le déchire de toute part et ne peut-être camouflé que par l'engourdissement sensible ou la fatuité morbide.
Symptômes qui ne font rien à l'affaire.
Ce qui camoufle étouffe.
Cette agonie au long cours que l'on appelle crise
arrive à la phase aigüe de son évolution, l'effondrement.
Le conflit ne peut plus être tu,
la carapace de l'enfermement va sauter.
"Groucho, isn't it?"
*
« Aucune société ne peut vivre
sans se donner une représentation d'elle-même. Cette représentation fait
partie des significations imaginaires sociales corrélatives à son
institution. Or, contrairement à toutes les sociétés précédentes, la
société capitaliste ne se donne pas d'elle-même une représentation
mythique ou religieuse ; elle veut s'en donner une représentation
rationaliste qui soit en même temps sa « justification ». L'idéologie
capitaliste est rationaliste : elle invoque le savoir, la compétence, la
scientificité, etc. Le pseudo-«rationel» est la pièce centrale de
l'imaginaire de cette société. Et cela vaut aussi pour l'idéologie
marxiste, devenue religion laïque d'État. Je dis bien rationaliste et
non pas rationnelle. Elle prétend à une rationalité vide et suspendue
dans l'air, et que toute sa réalité contredit. Dans aucune autre société
on ne constate cette antinomie entre le système de représentation que
la société se donne d'elle-même, et sa réalité effective. La réalité
d'une société archaïque, esclavagiste, ou féodale, est conforme à son
système de représentations d'elle-même. Mais la société moderne vit sur
un système de représentations qui pose la rationalité comme à la fois la
fin et le moyen universel de la vie sociale — et qui est démenti par
chacun de ses actes. Elle prétend être rationnelle — et produit
massivement ce qui est irrationalité de son point de vue même. »
Cornélius CASTORIADIS,
("Une société à la dérive", 1977)
Libellés :
ÂGE DES TEMPÊTES,
Anit Ben Almaki,
asphyxie,
brut de décoffrage,
conformisme,
conservation,
Cornélius CASTORIADIS,
décomposition,
dissidence,
dissonance,
métastase,
SITUATION,
TRANSHUMANCE,
VANITAS
vendredi 30 décembre 2011
El proceso creador está situado en el borde del caos
La creatividad es una característica básica de los sistemas complejos
El proceso creador está situado en el “borde del caos”. Emerge a partir de la “contradicción interna” entre elementos que se encuentran simultáneamente tanto en cooperación como en competencia. Un ejemplo lo constituye la evolución biológica, en donde hubo un proceso de innovación evolutiva seguida de otro proceso de extinción masiva. Otro ejemplo involucra la innovación tecnológica de las sociedades industriales: al principio, surgen algunos diseños diferentes (de bicicletas, automóviles, teléfonos celulares, computadoras), todos igualmente viables y –transcurrido un cierto tiempo– se produce una sobreabundancia de formas, sobreviven unas pocas de ellas y la innovación se focaliza en los relativamente pocos diseños que quedan. Ambos procesos son eminentemente creativos… Por Sergio Moriello.
Por el momento, no existe una definición precisa y absolutamente
aceptada de lo que es un sistema complejo, sino que existen muchas
propuestas alternativas. Esto se debe, probablemente, a que cubren toda
la jerarquía de sistemas, desde los sistemas subatómicos hasta los
sistemas sociales. No obstante eso, pueden darse algunas descripciones
comunes...
En primer término, está compuesto por una gran cantidad de
elementos (muchas veces más o menos parecidos, pero no siempre),
generalmente estructurados de forma irregular. Por ejemplo, el número de
células en un determinado organismo, o la cantidad de personas en una
cierta sociedad, pero no una montaña de arena o un cristal de cuarzo.
En segundo lugar, cada elemento interacciona con sus vecinos de
manera recíproca, interactiva y habitualmente no-lineal (ya que se crean
lazos de realimentación, muchas veces incluso múltiples), y en
distintas escalas espaciales y temporales, con lo cual se origina un
comportamiento colectivo “emergente” que no puede explicarse a partir de
dichos elementos tomados de forma aislada. Así, un gas se caracteriza
por la presión y la temperatura, propiedades que sus elementos
componentes (las moléculas) no poseen. Pero la interacción no es
ordenada ni al azar; es decir, cada elemento no interacciona sólo con
sus vecinos inmediatos (como en un cristal) ni con cualquier otro (como
en un gas)... lo hace más bien con un pequeño número de vecinos (en
algunos casos cercanos y en otros casos lejanos), formando redes.
Por último, es muy difícil predecir la dinámica futura de su
desarrollo; o sea, es imposible –en la práctica- vaticinar lo que
ocurrirá más allá de un cierto horizonte temporal (por cierto,
relativamente corto). Es que su comportamiento colectivo puede
modificarse drásticamente (con cambios, aceleraciones, ralentizaciones,
oscilaciones, etc.) como consecuencia de su elevada sensibilidad a las
condiciones iniciales. De allí que el análisis reduccionista se torna
poco eficaz.
Procesos, que no productos
Los sistemas complejos existen como procesos y no como productos;
no están terminados o definidos, no están “cristalizados”, sino que se
caracterizan por un continuo desarrollo, en un perpetuo “estar
haciéndose”. Se mantienen en un delicado equilibrio –dentro de ciertos
límites– gracias a sus subsistemas de regulación y de control. Pero su
comportamiento puede verse modificado –de forma imprevisible– por
cualquier variación entre sus elementos componentes o entre sus
relaciones.
Así, el desarrollo de esta clase de sistemas se caracteriza por la
“intermitencia” (o fluctuación), aquella danza creadora en la que el
orden y el desorden se alternan de manera cíclica para contribuir a la
organización del sistema. Por eso, estos sistemas nunca llegan a un
óptimo global, al estado de mínima energía. En general, se transforman
progresivamente hasta que llegan al límite de su desarrollo potencial.
En ese instante, sufren un desequilibrio, un desorden, una especie de
ruptura que induce una fragmentación del orden pre-existente. Pero,
después, comienzan a surgir regularidades que organizan al sistema de
acuerdo con nuevas leyes, produciendo otra clase de desarrollo (ver La
Auto-organización) [Moriello, 2003].
Las Luchas Internas
La antigua doctrina china de los complementos indica que todo
contiene su opuesto. Así, cada cosa contiene a la vez la cosa misma y su
opuesto; es una unidad de contrarios [Politzer, 2008, p. 174]. Como una
vez aseveró el filósofo griego Heráclito, “lo vivo y lo muerto, lo
joven y lo anciano coexisten en uno mismo; lo primero se transforma en
lo segundo y lo segundo en lo primero”.
Es que, en el interior de cada sistema –y de forma permanente– se
libra una “lucha” entre fuerzas diferentes y opuestas. Las fuerzas
dinámicas de estabilidad y orden “tratan de generar” las condiciones de
equilibrio y de organización. Las fuerzas dinámicas de inestabilidad y
desorden, en cambio, “tratan de generar” condiciones de desequilibrio y
de desorganización.
Es decir, existen antagonismos internos que dan origen al
comportamiento global de dicho sistema. Sus elementos se encuentran
tanto en convergencia (cooperación) como en divergencia (competencia),
por lo que existe una especie de “contradicción interna”, un “desacuerdo
consigo mismo”. Y es esta contradicción interna la que posibilita que
las cosas cambien, se transformen y evolucionen, ya que el cambio se
constituye como la solución de ese conflicto... [Politzer, 2008, p. 172 y
174]. En definitiva, dan origen al proceso creador.
Las contradicciones internas generan cambios que producen un
reajuste, el cual se opone a dichas contradicciones. Pero esos mismos
cambios son el origen de nuevas contradicciones, las cuales, a su vez,
inducen nuevos cambios, y así siguiendo. No obstante, estos sucesivos
cambios muestran una dirección definida, un “movimiento”, un cierto
proceso auto-organizador; en otras palabras: representan un proceso
dialéctico de desarrollo [Lange, 1975, p. 7]. Y, algunas veces, estas
contradicciones terminan destruyendo el sistema existente y dando origen
a la creación de un sistema nuevo con características muy diferentes a
las de su predecesor [Politzer, 2008, p. 204].
La Auto-organización
La variación y el cambio son etapas inevitables e ineludibles por
las cuales debe transitar todo sistema complejo para desarrollarse.
Responden a una ley muy general: transformación no-lineal, con
discontinuidades en su estructura funcional, a través de sucesivas
reorganizaciones [García, 2006, p. 75/6]. Es que el orden y el desorden,
la desorganización y la reorganización, se necesitan el uno al otro,
son interdependientes y constituyen la potencialidad creadora. Aunque
antagónicos son, al mismo tiempo, conceptos concurrentes y
complementarios, aspectos constitutivos de la realidad.
En ciertos casos, un poco de desorden posibilita un orden
diferente y, a veces, más rico. Así, por ejemplo, un organismo puede
seguir viviendo –a lo largo de los años– a pesar de la continua
renovación de sus células; una organización se perpetúa –durante
décadas– aunque haya un periódico recambio de sus miembros; o una ciudad
puede seguir existiendo –a lo largo de los siglos– a pesar de la
constante renovación de sus elementos (personas, casas, edificios,
plazas, calles, cines, etc.) [Moriello, 2004].
La capacidad de auto-organización se erige como parte esencial de
cualquier sistema complejo. Es la forma como surge espontáneamente un
orden en el sistema a partir de la interacción de sus elementos, el cual
le permite modificarse y acoplarse cada vez más estrechamente con el
entorno que lo rodea y contiene [Moriello, 2004]. Para alcanzar ese
estado, son claves los procesos de realimentación, que posibilitan
transmitir los cambios por todo el sistema con mucha fluidez.
En los fenómenos de auto-organización es fundamental la idea de
estructuración –disipativa y espontánea– sobre la base de niveles. Las
interrelaciones entre los elementos de un nivel originan nuevos tipos de
elementos en otro nivel, los cuales se comportan habitualmente de una
manera muy diferente (con una dinámica propia) [Resnick, 2001, p. 199].
Por ejemplo, de las moléculas a las macromoléculas, de las
macromoléculas a las células y de las células a los tejidos. De este
modo, el sistema auto-organizado se va construyendo paulatinamente como
resultado de un orden incremental espacio-temporal que se crea en
diferentes niveles, por estratos, uno por encima del otro y guiado por
sus propias metas.
El Borde del Caos
Todo sistema lo bastante complejo –sea un organismo, una mente,
una organización, una sociedad o un ecosistema– evoluciona de forma
natural hacia y se mantiene dentro del estrecho dominio de
“inestabilidad limitada”, oscilando periódicamente entre el orden
inmutable y el desorden total, entre la constancia rígida y la
turbulencia anárquica [Goodwin, 1998, p. 222]. Se trata de una condición
especial, con suficiente orden (estabilidad) como para poder almacenar
información-organización y desarrollar procesos, pero con una cierta
dosis de desorden (inestabilidad) como para transmitir
información-organización y ser capaz de adaptarse a situaciones
novedosas.
Este difuso dominio transicional entre el orden y el caos es lo
que se conoce como el “borde del caos” o el “estado crítico”. Es en esta
delgada franja en donde los principales elementos del sistema
encuentran el número adecuado de conexiones y mantienen una óptima
comunicación, de forma tal que son máximas las capacidades potenciales
de cambio y creación. En efecto, si bien muchas perturbaciones ejercen
una pequeña influencia sobre el sistema, algunas pocas pueden generar
cascadas de cambios (fenómenos de avalancha o de catástrofe). Es aquí
donde se ubican los fenómenos emergentes propios de los sistemas
vivientes, organizacionales y sociales [Moriello, 2004].
El comportamiento emergente será tanto más impredecible cuanto más
complejo sea el sistema. Puede observarse, por ejemplo, en las hormigas
(así como también en otros insectos sociales, como las termitas y las
abejas) [Goodwin, 1998, p. 92/5 y 230/3]. Tomadas de manera individual
no son para nada inteligentes. No obstante, al juntarse un suficiente
número de ellas se observará una actividad colectiva de lo más
interesante e inesperada. Cuando la densidad de hormigas es baja, la
colonia se comporta de modo caótico, ya que hay escasos individuos y
pocos encuentros entre ellas.
Pero, a medida que la densidad se incrementa, los encuentros se
multiplican de manera exponencial y los patrones de actividad comienzan a
distribuirse de manera más uniforme. Cuando la densidad alcanza un
determinado valor umbral –súbitamente– estos patrones rítmicos se
propagan y afectan a toda la colonia. En este punto, el caos vira a
orden y el sistema se comporta de un modo colectivo no predecible a
partir del comportamiento de sus elementos individuales. Podría
concluirse, entonces, que las colonias regulan su propia densidad
generando un orden emergente –un comportamiento global coherente– que
las abarca totalmente y que las sitúa, de manera dinámica, en el borde
del caos.
El Proceso Evolutivo
El proceso evolutivo hace referencia a la dinámica de
transformación que experimenta un sistema complejo durante su desarrollo
temporal. No es continuo y gradual, sino que se verifica a través de
una sucesión de desequilibrios y reorganizaciones [García, 2000, p. 77],
exhibiendo toda la creatividad de la que hace gala la Naturaleza.
Aunque desordenado e impredecible, es un proceso cibernético, ya que
parece revalidar constantemente sus modelos y autocorregirse por
supresión de errores. Y se verifica en muchos tipos de sistemas
(biológicos, psicológicos, sociológicos, tecnológicos, etc.).
El patrón de desarrollo viable que permite la evolución creativa
de un sistema desde la relativa simplicidad hasta la relativa
complejidad se puede concebir como el resultado de un proceso dialéctico
de diferenciación (de estructuras) e integración (de funciones)
[Heylighen, 2008]. La diferenciación produce variedad, división del
trabajo y desorden; mientras que la integración produce constricción,
incremento en el número o en la intensidad de las conexiones y orden.
Ambos procesos producen una jerarquía de metasistemas anidados que
tienden a auto-reforzarse [Heylighen, 1988]. Cada nuevo nivel
trasciende al anterior, así como lo incluye. O sea, cada nuevo nivel va
más allá del anterior (en cierto sentido lo supera) y, a la vez, lo
incluye en su propia organización. En este sentido, resulta bastante
evidente cómo la sociedad “es más” que el individuo, pero que igualmente
lo incluye en su conformación.
Un ejemplo lo constituye la evolución biológica, en donde hubo un
proceso de innovación evolutiva seguida de otro proceso de extinción
masiva. Otro ejemplo involucra la innovación tecnológica de las
sociedades industriales: al principio, surgen algunos diseños diferentes
(de bicicletas, automóviles, teléfonos celulares, computadoras), todos
igualmente viables y –transcurrido un cierto tiempo– se produce una
sobreabundancia de formas, sobreviven unas pocas de ellas y la
innovación se focaliza en los relativamente pocos diseños que quedan
[Lewin, 2002, p. 90]. Ambos procesos son eminentemente creativos…
* Sergio A. Moriello
es Ingeniero en Electrónica, Postgraduado en Periodismo Científico y en
Administración Empresarial y Magister en Ingeniería en Sistemas de
Información. Lidera GDAIA (Grupo de Desarrollo de Agentes Inteligentes
Autónomos, UTN-FRBA) y es vicepresidente de GESI (Grupo de Estudio de
Sistemas Integrados). Es autor de los libros Inteligencias Sintéticas
(Alsina, 2001) e Inteligencia Natural y Sintética (Nueva Librería,
2005).
Las personas tienden a defender al sistema, aunque sea injusto o corrupto
Esta propensión se da sobre todo bajo cuatro condiciones: la amenaza, la dependencia, la imposibilidad de escape o el escaso control personal
Según una teoría de la psicología cognitiva conocida como
“justificación del sistema”, los seres humanos tienden a defender los
sistemas en los que están inmersos, aunque éstos sean corruptos o
injustos. Una investigación realizada por psicólogos estadounidenses ha
revelado que esta actitud se da principalmente bajo cuatro condiciones:
cuando el sistema está amenazado, cuando se depende del sistema, cuando
resulta imposible escapar al sistema o cuando los individuos pueden
ejercer un escaso control personal. Los resultados de este estudio
explicarían porqué las poblaciones, a menudo, no se alzan contra
situaciones que dañan sus propios intereses.
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jeudi 29 décembre 2011
REFROIDIR L'HUMANITÉ
« Quant à la situation de l’humanité sur la planète, je pense comme comme tout le monde qu’il faudrait en arriver le plus rapidement possible à la croissance zéro,
pour parvenir à rétablir un équilibre à peu près satisfaisant, comme
celui des sociétés primitives qui vivaient dans un environnement
qu’elles ne gâtaient pas… Il faudrait comme le disait Lévi-Strauss,
« refroidir » notre humanité, la transformer à l’état de société froide.
Elle serait peut-être moins excitante qu’une société chaude, mais
enfin… J’ai fait cette remarque à beaucoup de gens: les économistes
semblent convaincus qu’il faut nécessairement qu’il y ait de l’expansion
en économie. Si elle est stationnaire ou qu’elle régresse, les choses
vont mal. J’ai l’impression que nos sociétés ont essayé de contourner le
problème en créant des biens fictifs et des productions fictives, mais
qui ont un prix et auxquels l’humanité tient. On développe donc une
production, mais avec des biens qui ont davantage un caractère psychique
ou affectif. »
René THOM, Prédire n’est pas expliquer, 1991
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mercredi 21 décembre 2011
« Les " psychopathes " arrivent. Un adieu à " l'ère du narcissisme " », par Götz Eisenberg
SOURCE : http://palim-psao.over-blog.fr/
Ci-dessous un texte de Götz Eisenberg, psychologue parfois proche de la revue allemande « Krisis », sur l'influence, de son point de vue, du néolibéralisme sur la structure psychique ainsi que les
maladies psychiques.
*
En
2013, l’association américaine de psychiatrie publiera la 5ème édition
de son
manuel de diagnostic (Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders) qui existe depuis 1952. Ce manuel a pour vocation de définir
des critères universels pour décider à partir de quel
moment un être humain doit être déclaré malade au niveau
psychiatrique. La nouvelle publication à venir a déjà déclenché de vives
polémiques.
Ce
manuel tente de fournir une approche objective aux problèmes
psychiques, basée uniquement sur les symptômes, et de les
imposer de manière universelle. L’objectif est d’assurer que quand
on pose par exemple le diagnostic de «dépression» ou de « schizophrénie »
on parle partout de la même chose.
La nouvelle édition vise à faire le ménage dans la rubrique des troubles de la personnalité. Sur les onze maladies reconnues
actuellement, deux seulement sont diagnostiquées régulièrement : le « trouble de la personnalité borderline
» et le « trouble de la personnalité
antisociale ». Quelle humiliation pour les narcissiques. Bientôt ils
n’auront plus d’existence, ou en tout cas pas dans leur forme pure !
Le
fait que le « trouble de la personnalité narcissique » soit retiré de
la circulation peut être interprété comme le fait que
les symptômes attribués à cette maladie sont devenus partie prenante
de la normalité. Ce trouble de base n’a plus valeur de maladie dans
notre société, il reflète plutôt son caractère social. A
chaque degré de développement social correspond un caractère social
dominant. La structure identitaire de l’homme est synchrone avec celle
de la société environnante. Le personnage principal du
roman d’Heinrich Mann Le Sujet de l’Empereur1,
avec sa soumission inconditionnelle, son penchant compulsif à faire des
économies et à tout
conserver, reflète tout à fait la phase historique durant laquelle
le capitalisme en Allemagne prenait son essor sous la forme d’un Etat
autoritaire et semi-féodal. Parallèlement, on voyait déjà,
dans certaines subcultures marginales, culturelles et artistiques,
émerger la prochaine étape de développement. Au début, ses attributs
étaient stigmatisés et analysés comme des signes de
dégénérescence et de maladie. C’est ainsi qu’avaient été traités les
milieux dadaïstes et surréalistes, avec les dandys et les bohèmes, qui
cultivaient certains traits narcissiques et qui
anticipaient dans nombre de domaines l’hédonisme consumériste. Pour
le bourgeois, les bohémiens et les artistes étaient des « dandys vaniteux » de la
« lie » dont il
fallait se débarrasser, ce qu’ils finiront par faire. Dans les fameuses
années vingt, on voyait déjà pointer à l’horizon le
changement psycho-historique qui nous entraînerait dans l’ère du
narcissisme. Par la suite, le fascisme a amené une régression collective
vers le caractère social traditionnel, avec ses idéaux
d’ordre et de pureté, et a ainsi enterré provisoirement tout autre
développement. Il a fallu quelques décennies pour que les tendances des
années vingt se manifestent de nouveau, importées des
Etats-Unis.
La révolte de 1968
Lors
de la transition vers l’ère consumériste, les comportements bohèmes
sortent de leur ghetto subculturel et se massifient.
Une bonne partie de la dynamique de la révolte de 1968 provient de
la friction entre deux formes différentes du caractère social ou des «
classes psychiques »2. Après coup, la révolte
apparaît comme étant également une nouvelle étape dans
l’implémentation du développement capitaliste. On pourrait dire, pour
paraphraser Hegel, que l’esprit du capitalisme s’est servi de ses
opposants pour faire retour à soi et rejoindre son concept. Des gens
tels que Rainer Langhans3 ont rendu de grands services à la
modernité, et il est donc logique de le retrouver
aujourd’hui dans un jeu de télé réalité, « Le camp de la jungle »
(héritier du Loft), produit par la chaîne RTL. Le fait de « s’éclater »
et de soigner son look hippie n’a représenté une
rébellion qu’à l’époque où l’Allemagne Fédérale était
fondamentalement postfasciste, coercitive et « petite-bourgeoise ».
L’époque où porter les cheveux longs suscitait chez les bourgeois et les
beaufs une pulsion d’anéantissement est révolue. Le développement
psychique et culturel possède sa propre structure temporelle et a
toujours un temps de retard par rapport aux changements
économiques et techniques. De temps en temps, il faut une révolte
militante pour réformer des sub-systèmes anachroniques et les rendre
contemporains.
Nous
pouvons assister actuellement à la décomposition du sujet introverti
traditionnel et à la transition vers « l’homme
flexible » qui correspond aux impératifs modifiés d’une nouvelle
phase du développement capitaliste. Ses attributs sont identiques au
catalogue des symptômes de l’ancien trouble de la
personnalité narcissique, qui n’est donc plus considéré comme une
maladie. Une partie de ses symptômes qui ne sont pas compatibles avec la
nouvelle normalité sont transférés vers d’autres
troubles : le narcissisme a désormais droit de cité, sauf dans sa
forme maladive ou « borderline ».
Mais
on voit déjà les prémices de nouveaux changements psycho-historiques.
Les années que nous venons de traverser, marquées par
le néolibéralisme, ont rendu les gens indifférents, leur vie
intérieure s’est transformée en un grand glacier de sentiments congelés.
Les gens ne peuvent pas faire autrement que de transmettre
cette froideur à leur environnement. Il y a des différences non
négligeables selon qu’on a grandi et que l’on vit dans une société qui
valorise la solidarité avec les faibles et ceux qui sont
moins compétitifs, ou bien qu’on vit dans une société où ces gens
sont abandonnés dans la misère et stigmatisés en tant que loosers. Que
l’expression «
espèce de victime » soit devenue la pire insulte que des jeunes
se lancent à la tête en dit long sur l’image pervertie qu’ils se font
de l’humanité, marquée depuis quelques années par le
culte du gagnant. On le voit par exemple chez des sportifs qui
chantent à tue-tête devant les caméras après un match victorieux: « Regardez à quoi
ressemblent des gagnants – hohéhohéhohé ». (…) Sans doute aussi parce qu’elle a l’air de sortir du dernier soap opera,
la gardienne de but de
l’équipe de foot américaine, Hope Solo, incarne ce culte du gagnant.
Dans une interview avant la finale du dernier championnat du monde,
elle déclarait : « Nous savons que nous allons gagner. C’est notre mentalité. » Qu’elle se soit trompée n’est qu’un faible réconfort.
Le marché comme vie intérieure
Les attitudes et les comportements qui sont dictés par le marché et qui sont indispensables pour réussir au niveau économique
ont aujourd’hui pénétré la vie quotidienne jusque dans ses
derniers recoins. Le manque d’égard généralisé, l’individualisme poussé
jusqu’à la manie
égocentrique, le cynisme et l’indifférence caractérisent aujourd’hui
les rapports entre les humains. C’est ainsi que « l’ère du narcissisme »
porte déjà en son sein le prochain niveau de
développement psycho-historique. Le marché, l’économie et la
pédagogie dictent une idée de la vie intérieure humaine qui doit être
flexible et interchangeable, analogue à ce qu’on stigmatise
encore aujourd’hui comme « psychopathe », et qu’on retrouve chez les
détenus, en prison ou dans des institutions médico-légales. Le terme de
psychopathe n’est pas utilisé ici dans son acception
populaire, définissant une personnalité perturbée, imprévisible et
violente, mais comme l’ont défini les psychiatres américain et canadien
Cleckley et Hare pour qui les
caractéristiques d’une
personnalité « psychopathique » sont l’incapacité à ressentir de
l’empathie, le fait d’être beau parleur, charmeuse, sûre
d’elle, à l’aise dans les situations sociales, froide quand elle est
sous pression. C’est-à-dire précisément les attributs qui caractérisent
les flambeurs et les gourous de la nouvelle économie
et du monde de la finance qui continuent à nous pousser vers le
précipice.
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mardi 13 décembre 2011
Juego serio: el Movimiento Occupy y los cuernos gemelos de la opresión y la revolución
Provocador ensayo en que Aeolus Kephas explora
la faceta des-ilusionante del Movimiento Occupy y cómo la revolución,
esencialmente egoísta, termina fortaleciendo las estructuras a las que
cree oponerse.
En este post, en el que recojo
comentarios recientes que hice en Reality Sandwich, Facebook y de un
diálogo que sostuve con un amigo manifestante, quisiera abordar lo que
tiene de desilusionante el Movimiento Occupy y cómo el activismo social
solamente fortalece las estructuras que desafía. Esto no sería
necesariamente malo, sin embargo, excepto porque la gente llega con
propósitos y resultados específicos en mente y por esta razón termina
frustrada y desilusionada. Es este aspecto desilusionante lo que
considero negativo, no el activismo en sí, que como forma de pasar el
tiempo es tan válida como cualquier otra (al menos para algunas
personas). Hay una impresión creciente, sin embargo, de que la
“revolución global” es evidencia de un cambio colectivo de conciencia y
—derivando de esto la siguiente deducción “lógica”— de que esto es, de
hecho, su símbolo. En mi opinión nada podría estar más alejado de la
verdad, por razones que expondré a continuación lo mejor que pueda.
Anonymous me parece interesante desde
esta perspectiva porque Anonymous existe en un reino de las sombras
entre dos paradigmas, sin la obvia pertenencia a ninguno de ellos. De
hecho aventuro que hay tres paradigmas relevantes para esta discusión:
1) el paradigma dominante del dinero, el poder, etc. 2) el paradigma
opuesto de la rebelión, la resistencia, los valores comunitarios y la
expresión individual 3) el paradigma que intentaré describir en este
post, un paradigma que percibe los primeros dos como meras imágenes
especulares de uno y otro y, por lo tanto, como igualmente obsoletas. A
mi juicio, Anonymous, que existe en algún lugar entre el segundo y el
tercer paradigma, no está causando ningún cambio, social u otro
cualquiera, sino que está suscitando únicamente una manifestación
superficial de cambio. Como su personaje inspirador Guy Fawkes/V,
Anonymous trabaja con fuegos de artificio, creando un juego deslumbrante
de luces y sombras que finalmente no tiene ninguna consecuencia real.
Para mí es su inconsecuencia misma lo que hace todo ello mucho más puro.
Hablando recientemente con Ramsey Dukes sobre el tema, este comentó la
diferencia entre el arte y la magia: la magia, dijo, trata de conseguir
los resultados/cambios deseados, mientras que el arte es simplemente
una liberación de las energías creativas y después un seguimiento de
cómo esas energías traen el cambio, independientemente de nuestra
voluntad (en el modelo cuádruple de Ramsey de
Magia-Arte-Religión-Ciencia, la magia involucra al arte). El Movimiento
Occupy (magia, en su mejor faceta) se superpone a Anonymous (arte, en su
mejor faceta) porque algunos manifestantes utilizan máscaras y
Anonymous alienta e incluso planea las protestas. Y como Anonymous, el
Movimiento Occupy es una manifestación más que un catalizador de cambio.
Su principal diferencia con respecto a Anonymous, es que, en mi
impresión, muchos o la mayoría de los participantes de Occupy creen que
están propiciando el cambio o al menos aspiran a hacerlo.
Esta es una diferencia clave. Es la diferencia entre dejar que un zeitgeist
(espíritu) se mueva a través de uno (sin que sea necesario entenderlo) e
intentar mover las cosas por uno mismo hacia el fin deseado. Por
ejemplo: yo podría estar escribiendo este texto con miras a persuadir a
otros de mi punto de vista; por el otro lado, podría simplemente estar
usando las palabras como un medio para ver qué se está moviendo en el
interior, qué viene a través de mí, sin ningún resultado específico en
mente. En realidad es un poco de ambas —cuán efectivo será este texto
será la única determinación real de qué tanto mi ego está previniendo
que la interacción real (y por tanto la comunicación) ocurra.
Otra diferencia es distinguir la
tiranía, la opresión, etc., de ellos, sin hacer un juicio de valor sobre
ellos y tener un problema personal con ellos. Lo dicho sobre escribir
este texto: si reconozco el aspecto desilusionante del Movimiento
Occupy, ¿puedo hacerlo sin sentirme superior a este o sin verlo como un
problema que necesita arreglarse? Para Anonymous y todos aquellos que
quisieran aproximarse a la vida (incluyendo la tiranía y la opresión) en
un espíritu de juego similar, el sistema global de control no es un
problema que necesita arreglarse sino un digno contrincante en un gran
juego de ping-pong cósmico. La diferencia entre estos dos
oponentes es que un lado sabe que todo es un juego, mientras que el otro
lo ve todo con mortal seriedad. Cuando los activistas toman su
“revolución” en serio, yo diría que sin darse cuenta se están uniendo al
lado al que se oponen, porque entonces comparten con este el mismo
“espíritu”.
La revolución y la tiranía son los
cuernos gemelos de un mismo demonio y la prueba es que, tal y como lo
dictan las leyes físicas, la resistencia fortalece. Basado en ejemplos
históricos (esto es, experiencia previa), oponerse a la estructuras de
poder solamente refuerza y fortalece a largo plazo esas mismas
estructuras. Como prueba A de este argumento presento el 9/11 y la
resultante “guerra contra el terror”, la Patriot Act y la miríada de
formas en que el gobierno de los Estados Unidos (y el global) utilizaron
un acto de resistencia para consolidar su poder político y extender el
aparato de tiranía, la misma tiranía que el ataque a las Torres Gemelas
intentó (supuestamente) minar.
Como lo veo (y admito que no he
experimentado directamente las protestas o acampadas), el Movimiento
Occupy tiene dos propósitos. Primero, es una oportunidad para que la
gente se reúna y conecte en una forma “divertida”, preferible a joderse
con drogas y alcohol. Segundo, está sirviendo para ampliar la brecha
existente entre las estructuras sociopolíticas de poder (y la supuesta
“élite” detrás de estas, el 1%) y “el pueblo” (el 99%), quienes son,
ambos, sujetos de dichas estructuras y, paradójicamente, quienes las
preservan al depender de ellas. Como lo demuestra la reacción política
reciente, el Movimiento Occupy actúa para dinamizar la vieja
polarización del “nosotros y ellos”, tanto en la psique colectiva como
en la individual. Todo esto es suficientemente “positivo” con miras a
representar el psicodrama cristiano del Armagedón, ¿pero es eso
realmente lo que deseamos?
Me parece que los Occupy de verdad
quieren mejorar su suerte y la suerte de los presuntos oprimidos y en
eso, quizá, radica el problema. Yo pienso que todos nosotros estamos
igualmente oprimidos independientemente de nuestras condiciones sociales
y que intentar mejorar esas condiciones resistiendo la corrupción
gubernamental es como cambiar de lugar los muebles de una casa que está
incendiándose. En cuyo caso mi pronóstico es que los niños de la
revolución quedarán sumamente decepcionados cuando adviertan que el
Movimiento Occupy —al energizar al enemigo— conduce a un resultado
exactamente opuesto al que esperaban, esto es, a la concreción de la
tiranía.
También imagino que muchos de los
participantes más conscientes —de ambos bandos— saben esto, aunque puedo
estar equivocado en la medida en que nada ciega más a la gente frente a
la verdad que los ideales. Me parece interesante que a pesar de lo bien
versados que muchos de los manifestantes de Occupy están en conceptos
esotéricos, parece que operan según una interpretación de cambio social
relativamente ingenua o endeble, justo como si se tratara de estructuras
políticas ordinarias y seres humanos corruptos dirigiendo el show en
vez de un colectivo milenario, patrones ancestrales (alias “demonios”)
de la negación. Para recurrir a un gran cliché: ningún cambio puede
ocurrir externamente a menos que sea consecuencia de un efecto dominó de
un cambio interno. Occupy en las ciudades es una gran diversión para la
opresión de nuestras vidas, pero quizá esto haga más probable que se
posponga un cambio psíquico interno, o la “revolución”, más que
propiciarlo.
Para ser claro: no me opongo al
Movimiento Occupy ni a desafiar al “sistema”. Es un viaje de ego
colectivo, en mi opinión, pero esto no debe tomarse como un juicio de
valor en tanto un viaje de ego colectivo tal vez sea justamente lo que
necesitamos en este momento como especie. A lo único a lo que me opongo
es a la ilusión, y ya que tengo las manos llenas por haber sobrepasado
mis propias ilusiones, el lector quizá se pregunte por qué estoy
perdiendo el tiempo confrontando la ilusiones de otros. Mis comentarios
sobre el Movimiento Occupy y todo lo demás no son más significativos o
importantes que el movimiento en sí. Son también, hasta cierto punto,
exhortaciones de mi ego con algo más profundo y más real moviéndose por
debajo de su superficie. Diré esto: aquellos que creen que el Movimiento
Occupy es parte de un cambio colectivo no necesitan defenderlo de mis
ideas “heréticas” porque, si están en lo correcto, nada de lo que diga
hará ninguna diferencia.
Pero desde mi punto de vista todo este
movimiento se trata de mejorar las condiciones de los individuos (y
grupos de individuos), lo cual implica que mana de una conciencia del
ego, separatista, y que los involucrados intentan representar un cambio
externo. Como una especie de teatro catártico, esto podría ser (un
tanto) efectivo, pero dependería de reconocerlo como teatro, orientado
no hacia reformar las estructuras externas sino hacia el cambio interno
de los propios participantes. El Movimiento Occupy es parte de un
proceso más amplio, claro, como la tiranía y todo lo demás. Lo que más
me preocupa es que muchas personas van a ver frustradas sus esperanzas
(como antes con Obama) cuando se den cuenta de que la naturaleza de la
tiranía es no ceder ante la presión. O por lo menos nunca ha sucedido.
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lundi 12 décembre 2011
OLD PALLETS
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dimanche 11 décembre 2011
« Le travail du négatif », par Anselm Jappe.
L’autobiographie de
Guy Debord, intitulée Panégyrique, compte un deuxième
volume, publié après sa mort. Il contient surtout des photographies, et
parmi celles du premier chapitre on trouve l’image d’un mur,
noirci par le temps, qui porte le graffiti « Ne travaillez jamais ».
La didascalie précise : « Inscription sur le mur de la rue de Seine
(1953) ». Le petit livre se clôt
avec un « aperçu chronologique », consistant seulement en 16 brèves
entrées. Le troisième événement que Debord mentionne dans ce résumé
ultra-condensé de sa vie, après sa naissance et
son premier film, est « 1953 : Inscription sur un mur de la rue de
Seine ». Cette inscription à la craie, exécutée lorsqu’il avait 21 ans
et probablement vite disparue, était donc
selon le fondateur de l’Internationale situationniste une des étapes
marquantes de sa vie. Mais qu’est-ce que cela veut dire : « Ne
travaillez jamais » ? Cette toute petite
phrase sonnait quand même comme une énormité, presque comme une
absurdité. Elle constituait un défi autant aux pouvoirs constitués
qu’aux oppositions qui se définissaient justement comme
« mouvement ouvrier ». Aujourd’hui, elle apparaît plutôt comme un
des points forts du renouvellement fondamentale de la critique sociale
avancée par les situationnistes.
D'autres textes sur ce site autour de la théorie des rapports capitalistes (et spectaculaires) :
- Le concept de spectacle et la critique de la valeur (article Wikipedia sur Debord)
- Le spectacle comme illusion et réalité : Guy Debord et la critique de la valeur. (colloque " Dérives pour Guy Debord ", 2007, Strasbourg)
Cette photo avait déjà été
reproduite dans le numéro 8 (janvier 1963) de la revue Internationale situationniste
avec cette didascalie : « Programme préalable au mouvement
situationniste. – Cette
inscription, sur un mur de la rue de Seine, remonte aux premiers
mois de 1953 […] L’inscription que nous reproduisons ici semble être la
plus importante trace jamais relevée sur le site de
Saint-Germain-des-Prés, comme témoignage du mode de vie particulier
qui a tenté de s’affirmer là »1.
Ce langage
« détournant » celui de l’archéologie pose donc le refus du travail
comme un élément central de la vie des jeunes lettristes vers 1953,
lequel aurait directement conduit à la formation
du mouvement situationniste. En effet, en parlant de ces gens dans
son film autobiographique In girum imus nocte (1978), Debord
rappelle que « l’existence de tous était
principalement caractérisée par une prodigieuse inactivité ; et
entre tant de crimes et délits que les autorités y dénoncèrent, c’est
cela qui fut ressenti comme le plus
menaçant »2. Dans un passage de
Panégyrique décrivant le même milieu, il souligne qu’« on y
trouvait en permanence des gens qui ne pouvaient être définis que
négativement, pour la bonne raison qu’ils n’avaient
aucun métier, ne s’occupaient à aucune étude, et ne pratiquaient
aucun art »3.
Au-delà d’une critique du travail,
nous sommes ici face à un véritable éloge du désœuvrement,
du ne rien faire. Cela concerne également Debord lui-même : dans une
lettre de 1986, en parlant d’un film sur l’Espagne
pour lequel il avait signé un contrat avec son mécène G. Lebovici
sans avoir jamais commencé sa réalisation, Debord dit de ne pas
« regretter d’avoir tout de suite proclamé le ferme projet
de ne jamais réaliser De l’Espagne. Ce titre stendhalien
constituera mon véritable chef d’œuvre ; accomplissant enfin pleinement
ma tendance la plus profonde, et qui fut moins
visiblement présente dans toutes mes ébauches artistiques (tendance
plutôt négative, je dois le dire ». Finalement, son film-testament Guy Debord, son art et son temps
(1994)
commence avec ces vers d’une chanson d’Aristide Bruand : « J’en
foutrai jamai’ un’ secousse / Mêm’ pas dans la rousse / Ni dans rien »4.
On
pourrait donc en déduire que
l’invitation « ne travaillez jamais » dérive de la tradition
« bohème » qui, après quelques antécédents chez les romantiques,
commence à caractériser dans la deuxième moitié
du XIXe siècle les milieux artistiques, autant que les « voyous » si
chers à Debord. Tandis que toute la science, la pensée officielle, la
religion, mais également les mouvements
anti-capitalistes5 encensaient
le travail
et les travailleurs comme source de toute richesse, mais également
de toute morale, il n’y avait que les marges du monde de la littérature
et des arts pour exprimer un refus de sacrifier sa vie
au travail et au dynamisme forcené de la société moderne. Cela
s’exprima autant dans le dandysme de Baudelaire que dans le vers
« Jamais nous ne travaillerons, ô flots de feu ! »
de Rimbaud, ou dans la dédaigneuse référence à l’homme qui confie
dans ses efforts « car il a consenti à travailler » au début du Manifeste du surréalisme,
jusqu’aux éloges de
la paresse publiés en 1921 par le dadaïste Clément Pansaers et par
Malevitch. Mais ce refus gardait un aspect fortement individuel et
exprimait le désir, ou le projet, de se dérober
personnellement à la tyrannie du travail. Une société sans travail
semblait difficile à imaginer.
Les
situationnistes avaient
dépassé les avant-gardes artistiques précédentes et évoluaient vers
un mouvement révolutionnaire justement dans la mesure qu’ils voulaient
lier un effort personnel de libération avec une action
collective, visant la société toute entière. Leur critique du
travail avait donc partie liée avec la vision d’une société toute autre.
En effet, dans le numéro 12 de leur revue, sorti en 1969 et
largement consacré aux événements de mai ’68, la photo d’un mur
parisien portant le slogan « Ne travaillez jamais » était ainsi
commentée : « Un slogan de mai. – Cette
inscription, tracée sur un mur du boulevard de Port-Royal, reproduit
exactement celle dont le n° 8 de cette revue (p. 42) avait publié la
photographie. Elle gagne certainement en force à
accompagner, cette fois, une grève sauvage étendue à tout le pays ».
Avoir transformé le désir d’un individu dans un mouvement de masse,
telle était pour les situationnistes leur plus belle
réussite.
Pour
Debord, sortir de la société
du spectacle signifiait également sortir de la société du travail.
Mais comment satisfaire les besoins humains sans travailler ? Dans le
bref « aperçu chronologique » déjà
mentionné, on lit : « 1963 : Cinq ‘directives’ tracées sur des
toiles ». Une de ces directives, qui énonçaient la quintessence de
l’agitation situationniste pour les années
successives, proclamait : « Abolition du travail aliéné ». Donc, ce
n’est pas l’effort en tant que tel qui était à bannir pour les
situationnistes, mais le travail que Marx avait
appelé « aliéné » : l’activité dont le produit est séparé de son
producteur, qui ne reçoit que son salaire. Debord utilise ces catégories
également pour qualifier sa propre
attitude : « D’où peut-on conclure que je ne travaille pas ? J’ai
dirigé douze ans une revue, écrit un livre et nombre d’opuscules,
brochures et tracts, tourné et monté six films.
En grande partie, le travail du négatif en Europe, pendant toute une
génération, a été mené par moi. Je me suis contenté de refuser
seulement le travail salarié, une carrière dans l’État, ou le
moindre subside de l’État sous quelque forme que ce soit […] Je ne
crois pas que l’on puisse dire que je me suis continuellement amusé »
écrivit-il en 19856.
Le « travail du
négatif » : pour Debord, son « travail » consistait essentiellement
dans ses activités révolutionnaires, et pour les qualifier il se réfère à
la définition hégélienne du côté
négateur de l’esprit, celui qui fait avancer la marche de
l’histoire…
Et
encore plus tard, il
renchérit : « Ne jamais travailler demande de grands talents. Il est
heureux que je les aie eus […] Le refus du ‘travail’ a pu être
incompris et blâmé chez moi. Je n’avais certes pas
prétendu embellir cette attitude par quelque justification éthique.
Je voulais simplement faire ce que j’aimais le mieux »7. Debord lui-même,
dépourvu d’une fortune personnelle, a pu se dérober au travail surtout grâce à une pratique constante du potlatch, donc de la générosité vers d’autres qui parfois la lui ont rendu
grandement. Mais qu’est-ce que le refus du travail au niveau social ?
Différemment
de l’attitude
« bohème » des avant-gardes culturelles, les situationnistes des
années 1960 attendaient le salut de la part du prolétariat, même dans sa
forme classique de travailleurs d’usine.
Cependant, il ne s’agissait plus de la révolte du travail contre ses
exploiteurs, comme dans le marxisme traditionnel, encore très présent à
cette époque-là, mais de la révolte des
travailleurs contre le travail aliéné, telle qu’elle s’exprimait à travers des grèves sauvages, des actes de sabotage, de l’absentéisme, etc8.
Et qu’est-ce qui aurait
remplacé le travail aliéné ? Pour les situationnistes, il n’était
certes pas question d’un simple changement de statut juridique, pour
lequel les ouvriers devenaient formellement
propriétaires des moyens de production, tout en continuant à
travailler dans des conditions aliénantes : c’était ce qui était arrivé
dans les pays dits « communistes ».
Comment
alors abolir le travail
aliéné ? D’un côté, les situationnistes plaçaient, au début de leur
parcours, beaucoup d’espoir dans l’automation de la production9.
Celle-ci aurait pu,
selon eux, libérer l’humanité du joug du travail pour la faire
rentrer dans une société basée sur le jeu et les « loisirs », qui était
cependant empêchée par les « rapports de
production » capitalistes (et finalement spectaculaires) qui
perpétuent la domination des propriétaires des moyens de production sur
les travailleurs. Ils n’étaient pas les seuls dans les
années 1950 à nourrir cette illusion sur une possible émancipation à
travers les machines : en témoignent, parmi beaucoup d’autres, les
écrits de l’ex-surréaliste, ex-trotskiste et
sociologue Pierre Naville portant sur l’automation et le passage
« de l’aliénation à la jouissance ». Si l’on ne tient pas compte de cet
enthousiasme pour la possibilité de
« détourner » l’industrialisation, on ne saurait pas comprendre le
projet situationniste initial : ni son côté technophile, avec la
« peinture industrielle » de Pinot
Gallizio et la ville de « New Babylon » conçue par Constant, ni en
général la volonté de réaliser pleinement les possibilités libératrices
créées par le développement des forces
productives dans l’après-guerre et leur application à la vie
quotidienne, toujours déviées vers la continuation de la société de
classe. Après 1970, Debord a souligné, au contraire, les dangers
que le développement non maîtrisé des forces productives faisait
courir à la « planète malade », et donc à tout projet d’émancipation.
Le
propos d’abolir le travail
grâce à la technologie ne paraît plus aujourd’hui très convaincant.
Mais Debord a également ébauché une critique du travail plus actuelle
que jamais : en décrivant le spectacle comme la
forme la plus développée de la société basée sur la production de
marchandises, il a implicitement repris et mis à jour la critique
marxienne de la marchandise et de ce qui la fond : le
travail abstrait. Un travail qui est « abstrait » dans le sens que
tous les travaux concrets, toutes les activités exécutées en vue d’un
but spécifique ne comptent que comme simple
dépense de temps de travail, d’un temps indifférencié dont
n’intéresse pas le contenu, mais la durée – c’est celle-ci qui crée la
valeur qui s’exprime dans l’argent10.
Si le travail
dans la société contemporaine est souvent nocif et inutile, cela est
dû essentiellement au fait qu’il ne sert qu’à accroître le capital, à
transformer un euro en deux. Produire des carottes ou
des fusils, des chaussures ou des game boys n’est qu’un aspect
secondaire de ce processus. Voilà pourquoi on travaille beaucoup plus du
nécessaire dans le monde contemporain, souvent dans des
conditions horribles et pour produire des choses superflus. « Ne
travaillez jamais » signifie donc d’abord de se refuser à cette logique,
de ne pas se mettre à disposition d’un système
qui demande qu’on travaille, à n’importe quoi. Il faut revendiquer
une vie pleine pour tous, pas le plein emploi.
1
D’ailleurs, après la
publication de cette photo dans la revue, celle-ci se voit sommée de
payer des droits d’auteur à celui qui avait pris la photo à son temps
et la diffusait maintenant sous forme de carte postale
« humoristique », en plus affublée de la légende « Les conseils
superflus ». Debord répondit en revendiquant la paternité de « la plus
belle œuvre de [sa]
jeunesse ».
2 Maintenant dans Guy
Debord, Œuvres, Gallimard, collection Quarto, Paris 2006, p. 1365.
3 Maintenant dans Guy
Debord, Œuvres, p. 1665.
4 Notons que les vers
immédiatement précédents de cette chanson disent : « J’peux pas travailler / ça m’emmerde ».
5 Avec des rares exceptions,
comme le pamphlet Le Droit à la paresse de Paul Lafargue (1880), ou certains anarchistes français de la « Belle époque ».
6 Considérations sur
l’assassinat de Gérard Lebovici (1985), maintenant dans Debord, Œuvres, p. 1573.
7 « Cette mauvaise
réputation… » (1993), maintenant dans Debord, Œuvres, p. 1801.
8
En 1974 a été publié le
disque « Pour en finir avec le travail – Chansons du prolétariat
révolutionnaire » ; le textes de ces chansons « détournées » étaient dus
à Debord et à d’autres
situationnistes.
9 Au plus haut degré dans
« Les situationnistes et l’automation » d’Asger Jorn dans le premier numéro d’Internationale situationniste (1958).
10 Pour une analyse
détaillée, voir : Anselm Jappe, Les Aventures de la marchandise. Pour une nouvelle critique de la valeur, Denoël, Paris 2002.
- Le concept de spectacle et la critique de la valeur (article Wikipedia sur Debord)
- Le spectacle comme illusion et réalité : Guy Debord et la critique de la valeur. (colloque " Dérives pour Guy Debord ", 2007, Strasbourg)
Libellés :
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