dimanche 5 février 2012

LA PARTICULA DE DIOS

El viejo campesino extremeño dejó a un lado la vara con la que había sacudido el olivo y se dispuso a recoger las aceitunas de la red que había tendido en el suelo bajo el árbol centenario. Se colocó los auriculares de botón del pequeño aparato de radio, que ahora ya no le estorbaban ni se caerían como hubiera ocurrido durante el vareo, y se dispuso a escuchar las noticias de Radio Nacional de España.

“El bosón de Higgs, esa extraña y por ahora virtual partícula de la que ni siquiera se sabe con certeza su existencia, puede estar punto de ser encontrado. Los científicos involucrados en la investigación en el L.H.C del CERN de Ginebra, creen tener suficientes indicios de que la esquiva partícula subatómica está “acorralada” y a punto de dejarse ver” .

Tras limpiar y recoger las aceitunas en un capazo, se dispuso a ensacarlas y, al agacharse para abrir el saco, el viejo tuvo una sensación extraña, la impresión virtual de haber sido golpeado en la frente por uno de aquellos puñeteros bosones inencontrables de forma natural.

―¿Por que no? ―se preguntó―. Si para poder visualizarlo, o mejor detectarlo, los físicos del CERN tenían que hacer chocar haces de partículas a velocidades semi-lumínicas, eso no quiere decir que, de existir en la naturaleza, no estemos siendo atravesados cada segundo por millones de esas enanas y fundamentales partículas.

El viejo, enormemente aficionado a las grandes cuestiones fundamentales de la física, bien que en su aspecto mas divulgativo y entendible por profanos no especialistas en tan abstrusa materia, desde hacía años había leído con avidez mucho de lo publicado sobre la “partícula de Dios”, como había sido bautizada por no recordaba quién.

―No, no es por el puñetero y pequeño bosón por el que estamos siendo atravesados millones o billones de veces cada día, sino por los no menos esquivos neutrinos” ―recordó pensativo.

Mientras proseguía en solitario con la faena de recolección de un par de sacos de verdinegra aceituna, tarea que se había autoasignado para aquella mañana ―las tardes se las tomaba libres el jodido y jubiloso jubilado―, se enfrascó en profundas elucubraciones reflexionando sobre la partícula “a punto de ser encontrada” ―¡ojalá!―, sobre el mundo, el Universo, el Multiverso, Dios y… el Todo. ¡Casi nada!

Parece que si se confirma la existencia del bosón de Higgs, o tal vez incluso antes de confirmarse, se puede predecir o suponer que no existe el vacío ni la nada. Que todo está “lleno”, que todo es, al menos, un “campo de Higgs”. De ahí que la explicación del porqué son masivas las partículas que tienen masa, es por algo así como por una “emanación” o creación a partir de ese campo. A mayor interacción de las partículas con el campo de Higgs, mayor es la masa de éstas. Así pues, nuestro “Universo burbuja” o mas aún, el Multiverso o el “Todo-lo-Existente”, es una creación continua del Campo de Higgs, del “lleno”, no del “vacío”. En alguna ocasión, había leído que el Big Bang, y la creación del Universo, habían surgido o comenzado por una “fluctuación o torsión cuántica de la nada”, o algo parecido.

Todo aquello lo dejó sumido en el escepticismo y la incredulidad. Mejor que aquella fluctuación o torsión de la nada, que le pareció algo así como si al multiplicar el cero por equis ceros… surgiera el número uno. ¿Cómo, de una fluctuación de donde solo hay ―o no hay― nada, va a surgir el Todo? No, ante esas respuestas y explicaciones de la física, que nada responden ni explican, prefería las explicaciones mas “clásicas” de un Dios del que todo emana mediante su FIAT todopoderoso. Pero eso tampoco le dejó nunca satisfecho.

―Así pues ―elucubró―, si suponemos (a la espera de la confirmación por el LHC) de que el “Todo-lo-Existente”, llamámosle Universo, o mejor Multiverso, está completo o “lleno” del campo de Higgs; si no existe la Nada o el vacio absoluto, antes al contrario, el Todo y el “lleno” absoluto, de un campo en el que ocurren todas las interacciones, también podemos suponer o elucubrar que este Todo, donde “todo” ocurre es una particularísima especie de Dios. ¡Claro! La “partícula de Dios” como se ha dado en llamar al Bosón de Higgs, y todas las demás partículas del Multiverso que interactúan en él en los diversos campos conocidos y en los todavía desconocidos, conforman un “Dios Natural” muy distinto de esa especie de Supermán todopoderoso y milagroso, o más bien milagrero, de las distintas y muchas religiones.

―Si la “partícula divina”, o bosón de Higgs, y todas las partículas que llenan el Todo, integran a Dios ―prosiguió―, ello viene a suponer una especie de confirmación al revés del concepto de algunas religiones monoteístas del “Dios-en-todas-partes”. No, todas las partes, todas las partículas existentes, están en y “hacen” a Dios. Exacta y justamente al revés.

Y concluyó así:

―Y si todas la partículas del Todo, integran a este “Dios Natural”, el corolario de ello es que también todas las partículas agrupadas en átomos, moléculas células, órganos, etc, todo lo que hemos dado en llamar vida o seres vivos ―tales como ése “hermano olivo” que acabo de varear, o ésa “hermana hormiga” que veoo trepar por el tronco , son ―¡ claro está!― “células” de Dios. Como yo mismo, como todo aquello de lo que se pudiera decir que está “vivo”. Otra coincidencia, y ésta no al revés, sino idéntica a éste otro concepto o cita religiosos: “Yo soy la Verdad y la Vida”. Si, las partículas materiales componen el “cuerpo”, la vida, el “cerebro”, la Verdad, ―cualquier cosa que ésta sea―, el espíritu y el alma de Dios.

―¡Hay que ver a dónde me ha llevado el pequeñísimo bosón, tal vez inexistente de don Peter Higgs! ―se dijo casi en alta voz el viejo aceitunero, no solo altivo, sino más soberbio que el mismísimo Lucifer, pues que acababa de descubrirse y reconocerse Dios.

Y tras vaciar en el saco el segundo esportón, se lo cargó al hombro y fue a vaciarlo al montón de aceitunas, que luego cargaría en un pequeño remolque para llevarlas a la almazara de un pueblo cercano.

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