mercredi 7 septembre 2011

Capítulo Sexto: Del gobierno de los comunes, así como de su gestión y respeto

Por este acto, reconocidos y regulados, son los comunes ley de leyes. No hay por ello ni instancia ni Estado, ni administración ni gobierno que tengan mayor fuerza que estas normas. Y al igual que los antiguos cuando fundaban una ciudad, abolían las leyes viejas para darse otras nuevas, aquellas normas que, en parte o en todo, contradigan la Carta de los Comunales no deberán ser tenidas en cuenta. Pues de los comunales grandes frutos y provechos se esperan, que en comparación hacen pocas las obligaciones requeridas, y así queda claro que en compartir hay mayor gozo y felicidad que en las tristes vidas individuales de los tiempos pasados.
Art. 66. El Estado, la administración y el gobierno de la ciudad quedarán sometidos a esta Carta, no siendo de su competencia, ni su modificación, ni su administración; pues sólo de las asambleas y juntas comuneras son propias tales reglas.
Art. 67. Siendo esta Carta ley suprema, toda ley y norma que a ella contradiga, será abolida o modificada según convenga, sin que en ello importe ni su filosofía, ni rango anterior.
Art. 68. Son los comunales propiedad común, siendo sólo posibles por la ecuánime y justa participación de todas y todos. Es por ello que si toda persona recibe grandes ventajas de la existencia de los bienes comunes, igualmente es obligación de toda persona la colaboración en su mantenimiento y mejora; siendo buena tanto la aportación en moneda, como en trabajo, así como la asistencia y decisión en las juntas comuneras.
Art. 69. Es cada cual libre de participar o aportar al común, pero no será ni lícito ni permitido el aprovechamiento de los comunales de aquéllos que pudiendo, decidieren no aportar, pues no es viable sistema alguno del que se reste sin sumar.
Art. 70. Quienes atacaren, violaren, o privatizaren los comunales, fueren estos Estados, poderes, o personas, serán considerados enemigos del común, y a la guerra que han declarado se deberán ajustar.
Así pues, y en razón a todo lo expuesto, queda claro que los comunales son la mejor garantía de la buena vida. Y para que ésta se conserve no hay mejor ley que la que esta Carta expresa.
- Sea pues que ¡vivan los Comunales y la buena vida! -

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