mercredi 7 septembre 2011

Capítulo Quinto: De la educación y el conocimiento

La educación es proceso de aprendizaje que dura toda la vida, trasciende edades, y va desde el nacimiento hasta la muerte. Es por ello, que aun siendo importante la escuela, hay educación y conocimiento en casi toda relación entre humanos. Y que la educación comprende tanto el aprendizaje de saberes y contenidos concretos, como el percibir del mundo y de los otros. Es por eso que educar y aprender es formación de un vínculo común, que hace de la escuela y los maestros herramienta primera, si bien ni única, ni total.
Es también sabido que no hay conocimiento verdadero sino por mor de otros que vienen de antiguo, y que acumulados a lo largo de la historia permiten que otros nuevos se añadan. Resulta por tanto que no hay nada de nuevo sin algo antiguo. Y que ese antiguo, es las más de las veces tan anónimo como la cooperación común.
Queda así establecido que siendo tan importantes para la vida, y en sustancia comunes, conocimiento y educación sean considerados como una de las más importantes riquezas comunales. Y que así comprendidos, las prohibiciones y tasas que sobre ellos se imponen, perjudican al común, siendo contrarias a la propia producción de algo nuevo y a su libre reparto entre todos y todas.

Título noveno: De la educación común


Es gran problema de Madrid, al igual que de otras grandes ciudades, que la educación estando en manos del Estado, haya sido objeto de incontables maltratos. Y que así y en pocos años se hayan reducido los centros públicos, eliminado muchos servicios y acortado las plazas, a la par que con triquiñuelas y engaños se favorecían las escuelas privadas, o con mayor prejuicio, las llamadas escuelas concertadas, que no son sino privadas pagadas con dinero común.
Fruto de tales lindezas, asistimos a dos modelos de escuela, que lejos de producir mejoría, redundan en la separación de los infantes según el patrimonio de sus familias, el nivel educativo, su lengua de origen y otros criterios que nada favorecen la formación del común. Así resulta que se contribuye, como parece quererse, a que la descendencia de pobres y gentes de pocos caudales siga en igual estado que sus padres hasta que el mundo deje ser mundo, a la par que las nuevas huestes de las familias más privilegiadas son destinadas a acaparar los títulos que aseguran iguales o mayores riquezas. Y esto malo puede ser peor, pues siendo los colegios tan uniformes en la riqueza y el origen de su alumnado, con tan poca mezcla y diversidad, las mentes de los infantes languidecen dentro de un mundo tan estrecho y pobre de relaciones. Es por ello que no hay ya pretexto que deba impedir ahogar esa falsa libertad llamada «libre elección de centro», que no es sino libertad de separación y perpetuación de las clases ya asentadas, en contra de la riqueza común, que sólo en la mezcla y en la diversidad prospera.
Art. 53. Es común toda escuela, instituto o colegio, pagado o sostenido con el esfuerzo común, siendo por ello inalienable, y estando prohibida su venta o cesión a privadas manos.

Art. 54. Es propósito de los Comunales de la Educación la promoción de los saberes y conocimientos de todos aquéllos que siendo madrileños y madrileñas, en razón a su residencia en la ciudad, así lo quieran, y hasta donde ellos quieran, sin más tasa y pago que el de su esfuerzo y voluntad.

Art. 55. Es derecho y obligación de todos vivir en un entorno rico y diverso, en el que diferencias de piel, riqueza, gusto y goce, estén presentes, se mezclen y reconozcan como parte de lo común. Es lo común contrario a separaciones y divisiones, terminando con toda segregación y separación entre escuelas, al igual que dentro de ellas.
Art. 56. Aquéllos y aquéllas que aun a pesar de estas verdades, rechacen para sí o sus vástagos, la educación común, podrán hacerlo en razón a su derecho fundamental de vivir al margen, pero lo harán con sus propios medios y riquezas, no pudiendo pedir ni reclamar nada al común al cual deshonran y rechazan.
Art. 57. Quedan por esta constitución suprimidos, a todos los efectos, los conciertos y subvenciones escolares a los centros privados y concertados, quedando a plazo de pocos años su incorporación a los Comunales.
Art. 58. Cada escuela, instituto o colegio, siendo común, será gobernado por una junta comunal, elegida por asamblea abierta y democracia directa por profesorado, infantes, maters et paters y otros miembros de la comunidad.
Art. 59. De acuerdo con el principio de sostenibilidad y con el de equidad, cada centro recibirá del común los recursos necesarios para su funcionamiento siendo el número de alumnos y alumnas y las necesidades educativas de cada barrio o zona escolar, los criterios a contar.
Art. 60. Siendo comunales escuelas e institutos, permanecerán abiertas sus puertas a todas las horas de todo día, siendo obligación de la Junta Comunal las decisiones sobre los usos de tales espacios.

Título décimo: De los saberes y el conocimiento común


No hay saberes si éstos no se comparten. No hay idea que antes no sea de otros, y que en el libre juego de la discusión no se modifique y enriquezca. Pocas cosas sobre la tierra tienen menos existencia que los autores de islas solitarias, siendo todo saber fruto de interacciones complejas, de la proximidad entre cercanos y de los saberes que vienen de antiguo. Es así de naturaleza que todo conocimiento es común aún si ello no se convenga.
Pero siendo esto gran verdad, se nos insiste en comparar las ideas (y también los libros y las canciones) con las peras, resultando que todo conocimiento es propiedad y tiene su propietario. Y que al igual que todo árbol da su fruto, el autor debe tener derecho reconocido y absoluto, como si a contranatura el árbol pudiese recoger sus propios frutos. De tal modo se ha aplicado gran fuerza y enormes poderes para hacer que esto pase por cierto aun siendo falso, haciendo de la ley herramienta de intereses particulares en perjuicio de todos. Así se impide también la copia de manuscritos y canciones, el préstamo de libros y otros obras, y se amenaza el accedimiento a bibliotecas e Internet, bajo pretexto de que nos apropiamos de lo que es de otros y no es nuestro. No de otra forma se produce gran perjuicio a la creación de nuevas obras y saberes.
Art. 61. Toda persona, por el mero hecho de serlo, ha derecho a conocer y saber lo que la humana mente ha producido. Ni persona ni institución podrá impedir este derecho, pues siendo el conocimiento bien común, éste será universal e inalienable.
Art. 62. Son comunes los conocimientos y saberes, la música, la danza y todo aquello siendo fruto de la mente humana, pueda reproducir y copiar un cerebro o una máquina. Siendo esta norma para gran provecho de la humanidad y de las generaciones venideras, es por ello que la llamada propiedad intelectual, así como todo acto de ley, que de frente, o por arteras mañas, pretenda propiedad sobre los frutos de la mente humana es contradictorio con estas verdades y queda abolido por esta constitución.
Art. 63. Todo lo dicho no contradice que requiriendo muchas obras y saberes gran trabajo de artistas, escritores, científicos y otros oficios de gran inteligencia, no se reconozca su labor. Así como el albañil cuando levanta un muro recibe remuneración, el común, principal beneficiario de su labor, reconocerá el trabajo de autores y autoras por medio de los instrumentos y recursos creados a este menester.
Art. 64. Artistas, escritores, científicos y demás personas de ciencias y letras deberán formar sus Juntas Comunales, estableciendo las necesidades de lo que propiamente deberán escribir o conocer, repartiendo para ello los recursos necesarios.
Art. 65. Así mismo las universidades son bienes comunes, y como tales serán gobernadas por juntas comunales, al modo de las escuelas y los institutos. Siendo además catedrales de gran saber, todos los conocimientos que en ellas nacen serán comunes y de libre disposición.

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