lundi 30 mai 2011

Tercera Ley de Newton: si el pueblo ruge tiemblan los mercados

Dice la tercera Ley de Newton que cuando se aplica una fuerza sobre un cuerpo, éste reacciona con una fuerza de igual intensidad y dirección que la aplicada pero en sentido contrario. Esta ley física, quizás una de las más desconocidas, a pesar de ser la única estrictamente original de Newton, es una buena metáfora para entender lo que se está cumpliendo a día de hoy en Madrid.

En estas elecciones se cumplen ocho años de mandato de Esperanza Aguirre al frente del gobierno de la Comunidad de Madrid y varias legislaturas de la presencia de Alberto Ruiz-Gallardón al mando de las instituciones madrileñas. En estos años hemos visto cómo las arcas municipales adquirían niveles de endeudamiento intolerables o cómo las mafias inmobiliarias tumbaban los resultados electorales con el Tamayazo. También hemos asistido a tramas de espionaje político, a luchas de poder intestinas y, sobre todo, a una política despótica que ha puesto en el punto de mira de los mercados la sanidad, la educación, las universidades y el agua de Madrid, todas ellas en proceso de mercantilización.
Pero quizás lo más singular de Madrid es que todas estas políticas se han dado en un ambiente de cierta calma social, con mayorías absolutas del PP y con clima social derechizado, donde la movilización y el tejido social de la derecha más rancia parecían arropar bajo un halo de complacencia las política de devastación que ha capitaneado Esperanza Aguirre. Un extremo de omnipotencia que ha tenido sus máximas expresiones en la remodelación de la M-30 y en el desdoble de la carretera M-501, ambos proyectos declarados ilegales en los tribunales.
De hecho, los dos ejes sobre los que ha actuado la derecha madrileña han sido, por un lado, la recuperación de la calle como forma de expresión de las renovadas formas de organización neocon. Y por otro, la equiparación y reducción de la oposición política y social a la situación de la oposición partidista y sindical, como si existiese una mayoría que expresa su satisfacción frente a una oposición política minorizada. Una idea que se ha visto reforzada por la hegemonía del PP en los nichos electorales clásicos de la izquierda. Datos que, al contrario de la derecha, no deben leerse como el resultado de la satisfacción ciudadana ante un mejor reparto de la riqueza, sino en torno al desencuentro entre los sectores de la sociedad más desfavorecidos y las estructuras clásicas del sindicalismo y los partdidos políticos de izquierdas.
La ciudad de Madrid, lejos de garantizar la igualdad entre las personas, no ha hecho sino dualizar su composición social, de tal manera que se ha creado una élite triunfadora, que se beneficia del proceso de acumulación económica y una mayoría de la ciudadanía progresivamente empobrecida, formada sobre todo por inmigrantes y jóvenes que han sufrido con especial dureza el impacto de la crisis hipotecaria e inmobiliaria, el trabajo precario, el paro, el endurecimiento de la ley de extranjería o la reforma de las pensiones. Por esta razón, las movilizaciones que vivimos tras el 15M no se pueden entender sin ponernos en la piel de todas aquellas personas que viven/vivimos ante la incertidumbre del paro y la inexistencia del derecho a la vivienda.
Además se ha hecho evidente que esto se produce dentro de una lógica premeditada de un sistema que actúa bajo la máxima de empobrecer a la mayoría para mantener las cotas de beneficio de los que más tienen. Un sistema al que podemos calificar de anti Robin Hood: se roban los derechos y la renta de los que menos tienen para mantener y aumentar los beneficios de las clases más altas. ¿Qué significa si no una hipoteca? Mecanismo diabólico que pone nuestras vidas en manos de los bancos por el incumplimiento político de la garantía a una vivienda digna ¿Y la privatización de la sanidad o la educación? Directamente jerarquizar la calidad de derechos básicos entre aquellos que no tienen y que usan los recursos públicos, y los que sí tienen y pagan por derechos que deberían estar garantizados al margen de los mercados, tales como las pensiones, la educación de calidad o la sanidad.
El maridaje entre mercados financieros y política ha hecho que todo lo que sucede en nuestras vidas, cada euro que ingresamos y cada gasto que hacemos, se mueva en una lógica marcada por los mercados y los políticos. Pues bien, la clase política debe saber que al igual que los mercados se retuercen, se enfurecen, nos regañan, controlan las deudas de los países e imponen sus ajustes presupuestarios; nosotros y nosotras, aquellas que soportamos sobre nuestras espaldas sus beneficios, también nos podemos levantar y rugir a nivel global clamando por una riqueza que nos pertenece a todos y todas, pero que se acumula incesantemente en manos de unos pocos con la complicidad del sistema político.
El gran error de bulto que ha desvelado el 15M, especialmente en Madrid, es haber equiparado la fuerza del malestar con el número de votos que recibían los partidos de izquierda. El 15M ha demostrado que hay vida fuera del sistema de partidos y que las movilizaciones van más allá de las elecciones. De toda la gente que ha salido a la calle o simpatiza con el movimiento, algunos cogieron su papeleta con la nariz tapada, otras optaron por el voto “útil” contra la derecha, también los hubo que apostaron por partidos pequeños, pero muchas se abstuvieron, votaron en blanco o nulo y no nos olvidemos que la mayoría de los migrantes no pueden ni votar..
Desbordando el deprimente marco electoral, el malestar es directamente proporcional, como en la tercera Ley de Newton, a la presión que las autoridades y los mercados han ejercido sobre las personas más fráliges y los sectores más golpeados que ahora empiezan a levantarse ¡Que ruja el pueblo y tiemblen los mercados!

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